miércoles, septiembre 12, 2007

La pasión de investigar

Investigar. Dice la RAE al respecto: “(Del lat. investigāre). 1tr. Hacer diligencias para descubrir algo. 2.tr. Realizar actividades intelectuales y experimentales de modo sistemático con el propósito de aumentar los conocimientos sobre una determinada materia”. Pero la Real Academia no acota esas materias, no invalida sistemas, no limita estrategias. Porque investigar, aprender, buscar conocimiento, es una necesidad innata del ser humano. Pensamos, y por lo tanto sentimos curiosidad, por ello buscamos respuestas a las preguntas que nos hacemos todos, en todo el mundo, desde siempre.

Por eso debemos investigar, siempre, todo y sin cesar. Y pocos campos del conocimiento humano nos ofrecen tantas posibilidades de investigación, como el mundo del misterio. El obvio, lo se. Porque todo lo que calificamos de misterio, por la propia definición es susceptible, y por tanto obligado, de ser investigado. ¿Existe alguna forma de vida tras la muerte o nuestros recuerdos y vivencias desaparecen? ¿Somos la única forma de vida inteligente del universo? ¿Conocemos todo el potencial de la mente humana? ¿Qué hay de cierto en las leyendas y mitos de la tradición? ¿Cómo eran realmente las civilizaciones perdidas? ¿Cuáles son los secretos de los hechiceros, chamanes y médicos tradicionales? ¿Conocemos todas las formas de vida que habitan el planeta?... Son tantos los misterios que nos rodean que probablemente jamás lleguemos a conocerlos todos. De hecho es posible que nosotros no seamos capaces de descifrar, ni uno sólo, en toda nuestra vida. Pero, demonios, merece la pena intentarlo. Porque lo maravilloso de la investigación no es que consigamos, o no, resolver el enigma, sino todo lo que aprendemos mientras lo intentamos. Y, cuidado, no importa como lo hagamos. Solo importa que lo intentemos. Porque son muchas las formas que existen de enriquecer nuestra mente mientras buscamos respuestas al misterio.

Algunos buscan esas respuestas en países lejanos y en lugares remotos. Y es lógico. Si tu salud, obligaciones y economía te lo permiten, viajar siempre es instructivo. No importa que lo hagas en busca del monstruo del Lago Ness, tras la pista de los faraones o en pos de alguna sabiduría oriental. Si puedes, viaja. Y cuanto más lejos, mejor. Conocer a personas de otras culturas, credos y lenguas, con creencias y costumbres especialmente distintas a las nuestras, siempre nos enriquecerá. Incluso aunque regresemos a casa sin saber quien construyó las pirámides, como se contorsionan los yoguis o quién hace los círculos de Inglaterra. Mientras buscamos esas respuestas habremos aprendido otras muchas cosas maravillosas. Y quizás más importantes.

Otros piensan, con razón, que no hay nada en esos remotos países que no podamos encontrar en el propio. Y es que en cada región de nuestras propias naciones hay casos, cosas y gentes fascinantes, que han protagonizado todo tipo de sucesos extraordinarios. A solo unas horas, quizás unos kilómetros, de nuestra propia casa, existe un lugar, o una persona, que puede enseñarnos algo más sobre eso que llamamos el misterio. Y sin necesidad de soportar traductores, mosquito,s aduanas, ni dietas excéntricas. Además, lo mejor del trabajo de campo es que, en muchas ocasiones, la expresión de una mirada, el quiebro en la voz, o el temblor en las manos de un testigo de lo paranormal, nos ayudaran mucho más que cualquier ensayo científico, a comprender la esencia del misterio.

Pero también existen quienes no pueden (por razones de salud o económicas), o no necesitan viajar para buscar respuestas a sus preguntas. Y de la misma forma en que el magnífico Poirot de Agatha Christie, o cualquier perfilador del FBI del mundo real, no necesita examinar fisicamente la escena del crimen para buscar al culpable, algunos investigadores prefieren eludir la contaminación emocional, o simplemente prescindir del factor humano, para realizar sus análisis. Opinan, como el admirable Gil Grissom, que “los testigos mienten pero las pruebas no”, y por eso eligen las estadísticas, los archivos o los fríos laboratorios, para realizar sus estudios. O simplemente no tienen tiempo o dinero para investigar de otra manera. Y en estos casos la red informática, la biblioteca o la hemeroteca sustituyen a la cámara de fotos y la grabadora.

Encuestar testigos, coleccionar noticias, experimentar en laboratorio, hacer estadísticas, consultar bibliografía… todo es lícito a la hora de investigar. Y todos salimos ganando cuando un nuevo caso, explicado o no; un nuevo testimonio, real o fraudulento; o un nuevo análisis, discutible o no, llega a nuestro conocimiento. Porque el avance en el campo del misterio, como en cualquier aspecto de la ciencia, se obtiene en equipo. Reuniendo, contrastando y comparando el esfuerzo y el trabajo de generaciones enteras de investigadores que nos precedieron. Compartan o no nuestras opiniones.

Y lo más fantástico de todo es que, si fracasamos en ese esfuerzo, tampoco importa. Porque aunque jamás consigamos demostrar empíricamente si existe o no vida tras la muerte, o en otros puntos del universo, etc, la visita a países y culturas lejanas; la interrelación con quienes se consideran testigos de lo inexplicado; y la consulta constante a bibliografía histórica, científica y humanística, para buscar explicaciones a los supuestamente anómalo, nos enseñara tantas cosas, que una vez más lo importante no será llegar a nuestra meta, sino el camino que recorremos mientras lo intentamos. Puede que haya otros mundos, pero en principio, están en este.

Por todo eso, investiga. Donde sea, como sea , lo que sea. Con pasión, con esperanza, con libertad. Busca, averigua, escudriña, inquiere, indaga, examina, husmea, fisga, escruta, explora, rastrea, persigue la Verdad sea cual sea y esté donde esté. Incluso aunque corras el riesgo de encontrarla.

miércoles, agosto 15, 2007

Los eXpedientes perdidos 1

LA NOCHE DE LOS ECOS IMPOSIBLES
El pasado mes de marzo de 2007 las agencias de prensa de todo el mundo repetían un sorprendente titular: Francia desclasificaba su archivo OVNI. Cientos de expedientes sobre objetos no identificados en los cielos franceses eran alojados en un servidor de Internet para que todos los interesados y curiosos pudiesen consultarlos libremente. Fue tal el tránsito de visitantes en dicha página web, que el servidor que la alojaba no pudo soportar el trafico de navegantes, y fue necesario abrir una nueva dirección para facilitar el acceso al material desclasificado.

En medio de la crispación política que rodea las campañas presidenciales de los diferentes candidatos que, el próximo mayo, aspirarán al poder en Francia, la desclasificación OVNI atrajo la curiosidad de todos los medios de comunicación galos. Tal y como 15 años antes ocurrió en España.

En 1992 fue el Ejército del Aire español quien comunicó su intención de desclasificar sus archivos sobre OVNIs al gran público. Unos archivos que permanecían clasificados como Materia Reservada desde diciembre de 1968. Para júbilo de unos, y desconfianza de otros, y a diferencia de lo ocurrido en Francia, los expedientes españoles eran desclasificados, uno a uno, tras una minuciosa revisión de cada informe, y la lógica censura a nombres propios de testigos o militares implicados, ubicación de instalaciones militares, y otros datos sensibles desde el punto de vista de la inteligencia militar.

En la actualidad, todos esos expedientes desclasificados en España están accesibles al público en la Biblioteca del Estado Mayor del Ejercito del Aire, en Madrid. Sin embargo, tras cada uno de esos informes desclasificados existe una historia secreta. El proceso que ha protagonizado cada uno de esos documentos, desde que el testigo observo un objeto desconocido en el cielo, o posado en tierra, o incluso en su pantalla de radar, hasta que el ciudadano puede leer el informe desclasificado, ha sido largo y complejo. Pero sobretodo, y en base a las leyes sobre la clasificación de Materia Reservada vigentes en España, el análisis y seguimiento de dicho proceso nos adentra en un mundo de secretos militares, intereses políticos y fenómenos anómalos, fascinante. Sobretodo en este momento.

Los verdaderos “Mulder” del Ejército del Aire

Hasta ahora sabíamos que desde 1968 el archivo OVNI del ejército del Aire Español, se almacenaba, hasta su traslado al Mando Operativo Aéreo en la Base de Torrejón de Ardoz, en el mismo edificio del Estado Mayor donde ahora se facilitan al público los expedientes desclasificados. El responsable de aquel archivo original, hasta su traslado al MOA, el Coronel S., hoy retirado y que en su día me facilitó valiosa información, fue el primer “agente Mulder” español. El teniente V., de la oficina de prensa de dicho Estado Mayor, también se mostró accesible en su momento, y me facilitó, antes de que de desclasificasen estos expedientes, documentos que tuvieron un valor enorme a la hora de investigar el archivo, aun secreto, del Ejercito del Aire. Después, para anunciar la desclasificación, llegó el Teniente Coronel Angel Bastida-Freijedo, paradójicamente sobrino del famoso ufólogo Salvador Freixedo, que asumió el mando del proceso desclasificador. A sus órdenes varios funcionarios del Ministerio de Defensa, así como analistas, científicos y otros colaboradores tanto militares como civiles, revisaron durante meses cada expediente, antes de autorizar su desclasificación. Y por fin llegó el turno del Teniente Coronel Enrique Rocamora, que tomo el relevo del equipo de trabajo de Bastida en la Sección de Inteligencia del MOA, cuando este ascendió a General. Rocamora y sus hombres, concluyeron el proceso de desclasificación tal y como lo conocemos. La mayoría de los peritos, analistas y funcionarios militares o civiles que participaron en la revisión de cada uno de esos informes dejó de interesarse por los OVNIs una vez concluido el proceso. Unos se jubilaron del ejército o se convirtieron en civiles. Otros continuaron su vida profesional en otros servicios de inteligencia. Algunos incluso han participado en los contingentes españoles en Iraq o Afganistán, pero estoy seguro de que, al producirse la noticia de la desclasificación OVNI en Francia, todos ellos recordaron que, en su dia, fueron una especie de “agentes mulder” encargados de analizar y desclasificar los “expedientes-X” españoles. Y, como ocurrió en su día con el escándalo del Coronel Juan Alberto Perote y las microfichas del CESID, algunos de los implicados en la desclasificación conservan, como “souvenirs” fotos, documentos o informaciones del proceso de desclasificación, que nunca llegaron al conocimiento público…

En 2007, y coincidiendo con la desclasificación OVNI en Francia, estamos en disposición de conocer documentos y testimonios sobre esos informes desclasificados en España, que nunca han sido publicados. Ello se debe a que, hace unos meses, una fuente vinculada a dicha desclasificación, y hoy dedicado a otro tipo de análisis en el campo de la inteligencia militar y espionaje, se puso en contacto con quien esto escribe, para ofrecerle documentos pistas y datos reunidos mientras trabajaba, desde dentro, en el proceso de desclasificación. La fuente prefiere permanecer en el anonimato, no por que los documentos que nos está facilitando puedan atentar contra las leyes militares sobre secretos oficiales… o si. Sino, según afirma, por simple comodidad profesional. Alguien dedicado ahora a la recopilación de datos sobre el funcionariado de inteligencia o contrainteligencia, sin interés ni relación con el fenómeno OVNI, valora mucho el anonimato.

Sus aportaciones a quien esto escribe, para el análisis y la comprensión de las variables que se desprenden de cada uno de esos expedientes desclasificados, desde el punto de vista político, legal, estratégico o simplemente histórico-militar son incalculables. Y la historia del expediente 891205, es un ejemplo tan bueno como otro cualquiera…

EXPEDIENTE 891205: los ecos imposibles
Cuando la Cessna superó los 1200 metros de altura Doval, el jefe de salto del Paraclub Galsur, me golpeó en el hombro para indicarme que había llegado mi turno. Volví a asegurar los correajes de mi paracaídas y, comprensiblemente nervioso, me acerqué a la puerta de la avioneta. A los mandos se encontraba Miguel Lareses, nuestro piloto, que me hizo una señal al llegar a mi zona de salto y al reducir la velocidad de vuelo para que los paracaidistas no nos desnucásemos con el timon de cola al saltar, ni el paracaídas pudiese ser apresado por el rebufo del motor. Encomendé mi suerte a San Miguel, patrón de los paracaidistas, y conteniendo un gritó salté al vacío…

Obviamente yo no era un paracaidista vocacional. Mi investigación sobre el CESID y los servicios de información españoles, y los fenómenos anómalos que desembocaría en el libro “Los expedientes secretos” (Planeta, 2001), me habían llevado a utilizar estrategias como esta para acercarme a pilotos y controladores aéreos, así como a funcionarios de Defensa, relacionados con expedientes OVNI inéditos hasta ese momento. Y esa tarde, tras mi segundo salto, fue Miguel Lareses, el piloto, quien me puso en la pista del que sería más tarde, el Expediente 891205.

Cuando, por enésima vez, y en la cafetería del Aeropuerto de Peinador, yo sacaba a colación el tema de los “platillos volantes”, mientras la rotación de salto disfrutaba de un momento de reposo entre tanta adrenalina, Lareses dejó caer un comentario prometedor: “Pues un controlador de Santiago, amigo mío, estuvo metido en una alerta de Defensa por un ovni de esos…”. Así se inició la investigación de este singular episodio.

El controlador en cuestión resultó ser Eladio Tapia. Fueron necesarias varias visitas al Centro de Control de Vuelo del aeropuerto de Labacolla, en Santiago de Compostela, tras identificarme como miembro del paraclub Galsur, para que Tapia accediese a relatarme lo que ocurrió en la noche de los ecos imposibles.

Según su relato, Eladio Tapia estaba de guardia en aquel mismo Centro de Control en la tarde del 5 de diciembre de 1989. Exactamente a las 19:43 recibió una llamada telefónica de la Casa-Cuartel de la Guardia Civil de Sada, población costera coruñesa, reportándole que habían recibido una denuncia de un astrónomo aficionado de la cercana localidad de O Castro, porque estaba viendo un objeto no identificado con su telescopio.

Según el funcionario de la Guardia Civil que telefoneaba a Tapia, el sargento Z., habían recibido la denuncia del astrónomo amateur con escepticismo, pero siguiendo órdenes del Comandante de Puesto, habían salido del Cuartel para comprobar si realmente había algo extraño en el cielo, y varios números de la Guardia Civil confirmaban el avistamiento.

Exactamente a las 19:50 Tápia cuelga la llamada de la Guardia Civil y telefonea al Centro de Control de Madrid para alertar de presencia OVNI. Siete minutos después vuelve a comunicarse con la Casa-Cuartel de Sada, donde continúan observando el fenómeno, aunque con menor luminosidad, mientras Control Madrid asegura no detectar ningún eco de radar desconocido en sus pantallas. Sin embargo, justo 3 minutos después, el oficial de radar, G. A., destinado en el Escuadrón de Vigilancia Aérea nº 10, que da cobertura radar a todo el espacio aéreo del noroeste español, telefonea por línea directa a Tapia para notificar posible contacto radar con el objeto No Identificado, facilitándole su posición en la pantalla:

- de Barbanza: demora 040/26 NM
- de VOR STG: radial 260/22 NM

A partir de ese momento, y a través de la comunicación telefónica entre el Centro de Control del Aeropuerto de Santiago, y el radarista militar del EVA-10 en Barbanza, Eladio Tapia puede conocer todas las evoluciones y cambio de posición y altitud de aquel eco no identificado en el radar, avistado por la guardia civil de Sada que lo describe como “un disco lenticular con halo de aspecto gaseoso y disco muy brillante”.

Desconcertado por la cantidad de datos precisos que Eladio Tapia me estaba aportando, y desconfiando de una memoria tan precisa, le pregunté como era posible recordar tantos detalles. Tapia extrajo entonces de una carpetita marrón, que conservaba en un cajón de la Torre de Control, donde nos encontrábamos. De ella extrajo un informe inédito, con todas las posiciones de aquel No Identificado en la pantalla de radar del EVA-10 y con la descripción detallada y precisa de todo lo ocurrido aquella noche. Aquel informe, que oficialmente no existía en los archivos del Ministerio de Defensa, y que había permanecido olvidado en un cajón de la Torre de Control hasta ese momento, me compensaba de todas las angustias de los saltos en paracaídas.

Meses atrás, y también gracias a esta misma estrategia, había conseguido en el Estado Mayor del Ejército del Aire un listado inédito, de todos los expedientes OVNI que el Ejército del Aire reconocería poseer en el momento de la desclasificación. El incidente del 5 de diciembre de 1989 no aparecía en ese listado.

La investigación de campo
Lógicamente acudí a las instalaciones del EVA-10 en Barbanza para interesarme por la información que aquella base militar pudiese tener sobre el incidente. Como es natural los sistemas de seguridad de una base militar de la trascendencia del EVA-10, responsable de garantizar la seguridad del espacio aéreo del noroeste español, detectaron enseguida a este periodista, en cuanto sacó la cámara fotográfica para inmortalizar las cúpulas del radar que detectaron el No Identificado. Tras las explicaciones oportunas a los agentes de seguridad de la base, y tras poder entrevistar al oficial al mando, llegaron las respuestas de siempre: “no sabemos” y “no existe”. Según el oficial no existía ninguna constancia de ningún incidente OVNI en aquella base, ni del radarista G. A., ni de nada parecido…

Algo similar ocurrió en mis primeras gestiones, tanto telefónicas, como postales e insitu, en la Casa Cuartel de la Guardia Civil de Sada. Habían pasado muchos años desde el incidente y temía que los testigos hubiesen sido destinados a otros acuartelamientos. Tuve suerte, el suboficial que había telefoneado al Centro de Control de Santiago, sargento Avelino Z. continuaba destinado en Sada, al igual que el Comandante de Puesto que había ordenado que se avisase a la torre de control de Santiago. Pero, como también es habitual, nadie recordaba, o quería recordar, nada del incidente. Y menos para hablar con un investigador.

Así que, para refrescarles la memoria, le hice llegar el informe redactado por Eladio Tapia, en el que se detallaba su participación en el expediente OVNI de aquella noche. Reconozco que el sargento Z. no estaba por la labor de colaborar. Y supongo que mi insistencia en hablar con él no hacía más que incomodarle. Sin embargo un servidor intuía que quizás se encontraba ante uno de los casos OVNI oficiales, que oficialmente no existían, más interesantes de la casuística española.

La fuente, a la que antes hice referencia, y a la que me referiré repetidamente a partir de ahora, se mostraba mucho más escéptico aún que yo. Quizás porque su mentalidad, formada durante años de especialización en temas militares, resultaba más pragmática. Y sin facilitarme todavía ningún documento, si me puso en la pista de las gestiones que deberían ayudar a descalificar o validar el documento de Eladio Tapia. Así que, siguiendo buenos consejos, acudí a la Asociación Astronómica de La Coruña. Su secretario me facilitó los datos astronómicos del 5 de diciembre de 1989, y el mapa estelar de esa noche. Según los astrónomos tanto Venus como Marte, dos cuerpos celestes que en ocasiones han sido confundidos con OVNIs, permanecían en esos momentos por debajo del horizonte. Por supuesto, el hecho de que fuese un astrónomo amateur el que, mientras observaba el cielo con su telescopio hubiese alertado a la Guardia Civil sobre el objeto, hacía improbable la confusión con el famoso Venus. Pero los datos astronómicos de esa noche lo hacían además imposible.

La fuente me sugirió, en este y otros casos, desechar junto a la explicación astronómica, posibles explicaciones aeronánuticas o meteorológicas. Así que me dirigí al Intituto Nacional de Meteorología para solicitar los informes meteorológicos de esa noche. El globo de sondeo meteorológico se había lanzado, desde el observatorio más cercano, a las 11 de la mañana, y había explotado horas antes del avistamiento. Por tanto tampoco era un globo sonda. Además, el informe meteorológico detalla las buenas condiciones climáticas de la noche, y la ausencia de fenómenos atmosféricos que pudiesen justificar la anomalía.

Con todas estas evidencias volví a insistir con la Guardia Civil, y esta vez hubo suerte, ya que puenteé al sargento V., tan poco dispuesto a colaborar, y me dirigí directamente a su superior. El Subteniente Miguel L. estaba mucho más sensibilizado que su subordinado con el fenómeno a causa de una experiencia personal. Según me relató, en su despacho del Cuartel de Sada, años antes, estando destinado en Asturias, él y varios compañeros habían protagonizado un encuentro cercano con un objeto desconocido, durante una patrulla rural. Victimas del nerviosismo ante aquel objeto, intentaron abrir fuego, pero sus fusiles se “encasquillaron” a la vez… De no haber sido por aquella experiencia personal, probablemente cuando el sargento Avelino V. le notifico que un ciudadano llamaba para reportar un OVNI, el subteniente le habría dicho que no hiciese ni caso. Pero D. Miguel L. ya había experimentado personalmente un encuentro con un No Identificado y por eso hizo que el sargento comprobase si realmente se avistaba algo desde las afueras del Cuartel, y que alertase a la torre de control de Santiago al constatarlo.

En ese momento, y tras recibir las ordenes de su superior, el sargento no tuvo más remedio que acompañarme al lugar exacto, en las afueras de la Casa-Cuartel, desde donde él y otros testigos observaron el mismo fenómeno que, presuntamente, estaba siendo detectado en ese momento en la pantalla de radar del EVA-10. Lo que yo ignoraba, en ese instante, es que el sargento estaba tomando buena nota de mi interés por el caso, y de mis investigaciones, para incluir esa información en un informe destinado al Servicio de Información de la Guardia Civil, de la 611ª Comandancia…

El EXPEDIENTE 891205 desclasificado… o no.
Supe, gracias a la fuente, que habían desclasificado el Expediente 891205 mucho tiempo después. Así que acudí, como tantas veces, a la biblioteca del Ejercito del Aire, en la madrileña plaza de Moncloa, para consultar el documento desclasificado. Al parecer mis gestiones en el EVA-10, la Guardia Civil, el Centro de Control de Santiago, el Instituto Nacional de Meteorología, etc, habían motivado que Defensa desclasificase ese expediente que, de no haber sido rescatado de aquel cajón en la Torre de Control de Labacolla por quien esto escribe, oficialmente no existiría. Sin embargo lo más interesante del caso estaba por llegar.

El expediente 891205 desclasificado por el MOA es un documento paupérrimo. Média docena de páginas en el que lo único destacable es el informe redactado por el radarista del EVA-10, aquel que según me dijo el oficial de guardia cuando visité la base no existía. No se detalla el testimonio de la Guardia Civil de Sada, ni del denunciante inicial, ni el detallado informe realizado por Eladio Tapia mientras se desarrollaban los acontecimientos. Tampoco se mencionan las anomalías experimentadas por los aviones que sobrevolaban la zona, comentadas en el informe de Tapia. Algún preclaro “escéptico” argumentó que seguramente los radares y el instrumental de los aviones estaban averiados y la guardia civil confundió Venus con un OVNI… No haré comentarios. Porque en este caso, como en la mayoría, hay otros factores de interés al analizar la historia de esos expedientes, que va más allá incluso del origen del OVNI reportado.
Y es que pese al Expediente 891205 desclasificado, mi fuente me alentaba a continuar insistiendo en la pista de la Guardia Civil. Su argumento no podía ser más simple y elocuente a la vez… Si estadísticamente el 90% de los avistamientos OVNI se dan en el contexto rural, la autoridad responsable de ese contexto, y a quien los ciudadanos denuncian en primera instancia una anomalía grabe, es a la Guardia Civil. Por tanto, el desconocido y aun clasificado archivo OVNI de la Guardia Civil es, quizás, el banco de datos sobre fenómenos anómalos más importante. La llamada de aquel astrónomo aficionado a la Casa-Cuartel de Sada, que desencadeno este expediente es solo un ejemplo.

Así que volví sobre mis pasos y seguí la línea de mando de la Guardia Civil hasta la 611ª Comandancia de La Coruña. Mi fuente tenía buena relación con el cuerpo, ya que desde el mismo año 92, y aunque pocos lo saben, se realizaron varias reuniones con miembros de la Benemérita con objeto de recopilar los informes sobre OVNIs que pudiesen existir desperdigados en sus archivos. De hecho, en Marzo de 1993 se publica en la revista oficial del cuerpo una encuesta sobre incidentes ovni protagonizados por agentes de la benemérita, firmada por dos conocidos ufólogos.

En relación a lo ocurrido en Sada-Santiago-Barbanza, si existía alguna información oficial inédita, solo podía encontrarse en el despacho del General de la 611ª Comandancia. El problema es que, como demuestran los sellos que preceden todos los informes OVNI oficiales de la Guardia Civil, estos expedientes continúan clasificados como confidenciales. Pese a ello, los consejos de mi fuente y una buena dosis de suerte, me permitieron acceder a varios informes sobre OVNIs que se conservan en dicha comandancia. Destaca entre ellos la nota informativa redactada en la Casa Cuartel de Sada en relación a este incidente. Estoy seguro de que los aficionados a la investigación comprenderán el entusiasmo del autor al poder acceder a estos documentos clasificados originales, no fotocopias, en los que encontramos informaciones sorprendentes.

En dicho informe, además de exponerse las circunstancias que rodearon el avistamiento, con mucho mayor detalle que en el Expediente 891205 desclasificado por el Ejercito del Aire, se detallan las gestiones realizadas por un tal Manuel Carballal, sus cartas, llamadas y pesquisas en el Cuartel de Sada, con reiterado interés. De ese documento, destinado al Servicio de Información de la Guardia Civil, se deduce que el redactor del mismo se tomó la molestia de averiguar quien era Manuel Carballal, cual era su relación con la investigación OVNI. ¿Investiga la Guardia Civil a los investigadores?

Pero hay más. Esa información estaba incluida en la respuesta a un requerimiento de la Dirección General de la Guardia Civil, que había solicitado informes sobre el caso, en base a las comunicaciones dirigidas a este estamento por el Centro de Estudios Interplanetarios, quienes había descubierto la existencia de este caso tras mis primeras investigaciones y, con muy buen criterio, habían acudido a la dirección de la Benemérita para pedir a los responsables, agilizasen gestiones para documentar el incidente.

Lo interesante es que, en dicho informe, se incluía una carta de D. Vicente Juan Ballester Olmos , en la que, por primera vez en la historia de una amarga polémica, se reconocía la existencia de un preacuerdo laboral entre los ufólogos civiles y el Ejercito del Aire, para asesorar la desclasificación OVNI en España. Aquella carta de Ballester Olmos, que encontré en el expediente del caso, era la primera prueba documental sobre lo que, hasta entonces, era solo un rumor… que a veces se usaba como injustificado insulto para con el sector mas racional de la ufología. Pero ¿en que consistió exactamente ese preacuerdo?

Aquella carta, además, reflejaba el reciente interés de la Guardia Civil por facilitarnos sus particulares “expedientes-X”. Un valiosísimo universo documental que hasta hoy ha pasado totalmente desapercibido por la comunidad ufológica, y sobre el que ahora disponemos, gracias a esta fuente, de valiosa información.

Así pues, lo que se inició con un comentario inocente de mi piloto, y que inicialmente los responsables del Cuartel de Sada y del EVA-10 negaron, ocultaba interesantes informaciones para nuestro conocimiento del fenómeno OVNI…

Cuando comenté con mi fuente, entusiasmado, el éxito de las nuevas pesquisas, que aportaban aun más datos sobre el incidente protagonizado por los radares del EVA-10, me sorprendió con una nueva revelación… “Pues ya tienes otro caso desclasificado por el MOA en el mismo EVA-10.

El Expediente 01MACEN93. Pero esta vez los testigos son militares, y el informe tiene 122 páginas”. Aunque esta es ya otra historia…
Manuel Carballal
EOC nº 54

sábado, julio 21, 2007

Luis Alfonso Gamez condenado a indemnizar a J. J. Benítez


Sólo los más allegados a Luís Alfonso Gamez conocían la existencia de la denuncia interpuesta contra el por J. J. Benítez, hace ya varios meses. El máximo ideólogo del MEO (Movimiento Escéptico Organizado) en España había intentado distraer la atención de sus seguidores sobre otros procesos judiciales, como el de Amoros-Cavanilles, para ocultar su propio proceso, con la esperanza de sacar a la luz una sentencia que lo absolviese. Pero los tribunales lo han encontrado culpable.

Activo miembro del MEO en sus diferentes organizaciones (ARIFO, ARP, CE, etc), Gamez había permanecido en un segundo plano hasta que, en 2006, consiguió finalmente obtener el protagonismo (y los beneficios) de otros “paparazzis” y “críticos sociales” del misterio, como Felix Ares de Blas o Javier Armentía (1), alcanzando por fin su propio espacio televisivo y radiofónico, conferencias, premios, etc. Tras años de segundón, Gamez, convertido en todo un Iker Jiménez del antimisterio, conseguía el reconocimiento social buscado durante años, basando , eso si, todo su discurso en una crítica aún mas agresiva y violenta contra los creyentes en cualquier tipo de misterio, que la de sus compañeros. Ahora, según la sentencia 97/07, dictada el pasado 12 junio, en el Juzgado de Primera Instancia Nº 5 de Getxo (Vizcaya), Luis Alfonso Gamez deberá compartir con J. J. Benítez una parte de sus ganancias como profesional del “escepticismo”, según se desprende de esta sentencia judicial.

Sentencia que concluye “…debo declarar y declaro que el citado demandado ha vulnerado el derecho al honor del actor, condenando a aquel a que indemnice a este último en la suma de 6.000 euros en concepto de daños morales…”.

Según hemos podido saber esta sentencia sienta un precedente que otras víctimas de las calumnias, difamaciones y vulneraciones del derecho al honor y la imagen habituales de Luis Alfonso Gamez seguirán, imitando la actitud de J. J. Benítez, que lejos de entrar en un intercambio de insultos y descalificaciones gratuitas, ha optado por poner en manos de la justicia la última palabra.







NOTAS: http://www.fraudesparanormales.com/index.php?option=com_content&task=view&id=430&Itemid=45

jueves, julio 19, 2007

El 1 de agosto se cumplen 30 años de la la primera Alerta OVNI

El próximo día 1 de agosto de este año 2007 se cumplen justamente 30 años del nacimiento de mítico programa radiofónico Medianoche dirigido y presentado por uno de los más grandes, Antonio José Alés.

Empezó su andadura radiofónica en la Cadena SER con el programa Agosto Noche luego se llamaría Verano Noche para convertirse en el conocidísimo Medianoche. Corría el año 1977.
En 1987 y tras 10 años de éxito en la SER, Medianoche pasó a emitirse en Radio España de Madrid, Radio Miramar de Barcelona y Cadena Ibérica en toda España. Así estuvo hasta el año 1993, el 1 de julio de ese año 1993, Antonio José Alés y su programa “Medianoche” pasaron esta vez a Onda Cero Radio donde permaneció hasta el año 1995.

Después de abandonar Onda Cero se “pierde” la pista de Alés, parece ser que viaja a Argentina, a Miami y no volvería a España hasta el año 1999 y lo hace --según me pudo confirmar uno de sus hijos-- como director de una pequeña emisora ubicada en una población situada a 38 Km. al suroeste de la comunidad de Madrid. Como es lógico también presenta su propio programa de radio que absolutamente nada tiene que ver con los misterios, así estuvo hasta el año 2001 que ya según –repito- me confirma uno de sus hijos abandona no sólo la radio si no que abandona los misterios esos temas que tanto le apasionaban y que tantos años le había dedicado. Así acaba la brillante carrera de este gran profesional amante de los misterios, de los ovnis de aparecidos y desaparecidos, amante del ser humano como decía el propio Alés: -El ser humano ese gran generador de misterios.

La verdad es que la vida de Antonio José Alés desde que dejara Medianoche en Onda Cero en el verano de 1995 poco o nada se ha sabido de él, me han llegado noticias de él de todo tipo algunas de ellas francamente impactantes, otras por que no decirlo inquietantes, otras contradictorias, realmente todo un misterio y voy a parafrasear a mi querido amigo Iker Jiménez en una intervención que tuvimos en Radio Euskadi hace unos años en el programa del amigo Iván Rámila, mientras hablábamos de Alés, Iker dijo una frase lapidaria y que lo define perfectamente “La vida de Antonio José Alés es más misteriosa que sus propios programas”.

Nadie sabe a ciencia cierta cuales fueron los motivos que llevaron a Alés a “desaparecer”, a abandonar los misterios y sobre todo la radio su gran pasión. Yo sólo puedo aportar, sólo puedo decir lo que el propio Antonio José me dijo por teléfono hace unos meses, palabras textuales: “Hace tiempo que he dejado estos temas, no quiero saber nada de ellos, no quiero hablar de ello, lo he dejado todo…” le pregunté el por que lo había dejado todo, que había ocurrido, a lo que me contestó: “Me he cansado…”

Popular del desaparecido Diario “Pueblo”. Fue Premio Ondas por su programa “Medianoche” en 1979 y volvió a serlo en 1987 por la adaptación radiofónica de la novela “Océano” de Alberto Vázquez Figueroa.

Dirigió en 1979 la revista “Más Allá Medianoche” que constaba de 24 fascículos y en 1994 el periódico “El Mago Señor de los Secretos”

Autor de varios libros como “El Clamor” una novela de amor, “Ovnis en España” un librito que venía de regalo junto a la revista Tribuna de Actualidad o “Alerta OVNI” en donde hacía referencia a una noche mágica, una noche que muchos no hemos olvidado, esa madrugada, la madrugada del 14 al 15 de agosto de 1979 y según los datos de las encuestas, 11 millones de personas escuchaban atentos a través de sus aparatos receptores la Cadena SER. Esa noche se recibieron más de 15.000 cartas en la redacción del programa, 850 grupos organizados vigilarían los cielos de España, familias enteras se desplazaron a los lugares más altos para observar los cielos. Esa noche Antonio José Alés y su programa “Medianoche” conseguían un éxito sin precedentes en la radiodifusión española, una noche singular en una experiencia única de comunicación dirigida con maestría por Antonio José Alés.

He querido hacer un pequeño homenaje a ese gran locutor Antonio José Alés y a su “Medianoche” justamente en el 30 aniversario del nacimiento del mítico programa, para ello que mejor homenaje que compartir aquella noche a la que antes aludía, la noche del 14 de agosto de 1979, donde nació la 1ª Alerta Ovni radiofónica. Tuve la oportunidad de grabar aquella emisión y he creído importante e interesante digitalizar aquella vieja cinta y como digo compartirla a través de mi Web para las personas que lo escucharon en vivo pero que quizá no conservan grabación y quieran volver a recordar y fundamentalmente para las gentes mas jóvenes que seguro han oído hablar de aquella mágica noche pero que obviamente nunca han podido escuchar.

Ante todo pedir disculpas por la calidad de sonido que no he podido mejorar más, la cinta tiene 28 años como pueden imaginar y lo grabe cuando contaba 15 años y con los medios que entonces disponía, un transistor y una grabadora por separado, pero el documento les puedo asegurar que merece francamente la pena escuchar y por supuesto archivar en nuestra fonoteca.

El archivo-programa “Alerta OVNI 1979” de 2 horas de duración “pesa” bastante 107 MB lo he subido a la red con la mejor calidad posible en mp3 (128kbps 44100 KHZ) estará disponible para descarga a partir del próximo día 1 de agosto en la siguiente dirección: http://www.misteriosenlasondas.com/.

Para finalizar utilizaré las propias palabras de Alés en su libro “Alerta OVNI”:
Tan sólo agradecer a los OVNIS, que con su misteriosa presencia habían conseguido el milagro de unir, bajo los invisibles lazos de la radio, a once millones de personas. Aquella noche cualquiera del 14 de agosto, no hubo observadores solitarios, todos los que buscaron las luces en los cielos de España, sabían que en la casa de al lado, en el pueblo cercano, había otros hombres y mujeres que , como él, levantaban su vista al espacio infinito. Los OVNIS nos ayudaban a subsanar, por unas horas, la más grande enfermedad del hombre de la Tierra: la soledad.


Ramón Álvarez

martes, julio 17, 2007

EL OJO CRITICO: la segunda mejor revista de misterios

Concluídas las votaciones, el programa Reloj de Arena, que presenta y dirije Jordi Fernández, ha emitido los resultados. Durante varios meses los internautas han tenido la posibilidad de votar en tres categorias:

-Mejor programa de misterio en las cadenas nacionales

-Mejor programa de misterio en las cadenas locales

-Mejor revista sobre misterios

En la primera modalidad resultó merecedor del mayor número de votos el programa "La Rosa de los Vientos", de Onda Cero, seguído, en segundo lugar, por el programa "Turno de noche", que fue realizado por el mismo equipo.

En la segunda opción resulto vencedor el programa "Boira", de Tarragona Radio, seguido de "Mundo Misterioso", de radio Voz. Lo que no deja de ser sorprendente teniendo en cuenta los años que han pasado desde la desaparición de este espacio.

En cuanto a la mejor revista, según los internautas la merecedora de tal galardón ha sido la revista Enigmas. Lo insólito es que el segúndo lugar ha sido para EOC, a pesar de que otras publicaciones como Mas Allá o Año Cero, estaban incluidas en el listado.

miércoles, junio 20, 2007

Videntes ¿pueden adivinar el futuro?

La primera experiencia orientada a verificar la confianza que podía ofrecer la respuesta de un oráculo nos la narra Herodoto (484-420 a. C) en una de sus obras. En “Historia de las Guerras Persas”, el célebre historiador griego nos detalla cómo, en el año 546 a. C., Creso, Rey de Lidia a mediados del siglo VI a. C y famoso por sus riquezas, dispuso enviar varios emisarios a distintos oráculos de Grecia y Egipto[1] con objeto de comprobar cuál de todos era el más fiable si era capaz de describir con acierto qué es lo que estaba haciendo el monarca ese mismo día.
Tan sólo la pitonisa del oráculo de Delfos, en las faldas del monte Parnaso, a cien millas de Atenas, atinó a responder, en su particular lenguaje hermético, lo siguiente: “Yo conozco el número de los granos de arena de las playas del mar; yo comprendo el lenguaje del mudo; yo oigo la voz del que no habla; mis sentidos están impresionados por el aroma de una tortuga que se mandó cocinar juntamente con la carne de un cordero, en una caldera de bronce, con tapa también de bronce”. Tal y como se había pronunciado la adivina, en aquellos instantes el soberano había troceado carne de tortuga y de cordero haciendo que los cocinasen juntos en una caldera de bronce.
Comprobada la eficacia del oráculo, el monarca consultó cuál sería el resultado de su batalla contra el ejército persa, entonces bajo el reinado del monarca Ciro. La respuesta de la pitonisa no pudo ser más explícita: “si haces la guerra a los persas, destruirás un gran imperio”. Y efectivamente así fue: cuando sus tropas desencadenaron el ataque contra Persia, el imperio del propio rey Creso se desmoronó.

“Oráculo de Delfos, ¿dígame?”
Atravesado el umbral del siglo XXI, los videntes continúan manteniendo su parcela de status en nuestra sociedad; siendo consultados por gentes de todos los estamentos y clases sociales: desde personas humildes hasta personajes famosos. Con cierta periodicidad, no hay revista o programa de televisión que no les dedique un oportuno espacio para recoger sus predicciones sobre cuáles serán las noticias más relevantes en un futuro inmediato sobre el mundo de la política, el deporte o la “prensa rosa”.
Hoy, el oráculo de Delfos ha cedido paso a las nuevas tecnologías: Internet y las famosas líneas telefónicas de tarifación adicional de videncia del 906 conviven con los clásicos sistemas de adivinación de siempre como el Tarot, las runas o la bola de cristal.
Sandra Burela, directora comercial de “Elite Esoterika”, primera publicación dedicada al patrocinio de líneas telefónicas de adivinación, opina que el esoterismo goza de muy buena salud incluso entre el público más escéptico: “Hasta el más incrédulo tiene tentación de leer el horóscopo. Lo más popular es consultar la tirada de Tarot, que llama la atención quizás más a las mujeres; aunque quienes trabajan en las líneas del 906 nos dicen que también reciben muchas llamadas de hombres. Parece que la mujer lo reconoce y lo acepta más”[2].
“No creo demasiado en los videntes, pero me dan mucho respeto”, es una máxima que suele escucharse con harta frecuencia incluso entre los más escépticos. Sin embargo, y como si se tratara de una necesidad inherente a su condición, el ser humano ha necesitado mitigar la angustia que le genera la incertidumbre de un futuro desconocido depositando su confianza en los vaticinios de augures y pitonisas. Tan sólo en la revista “Tu suerte”, una de las publicaciones de mayor tirada nacional, se anuncian cada mes casi trescientas líneas de videncia 906, lo que significa que existe una fuerte demanda social de este tipo de servicios.
Diariamente, a las consultas de astrólogos y videntes acuden todo tipo de personas, ansiosas muchas ellas por tratar de conocer lo que les aguarda el futuro. Quieren saber si aprobarán esas oposiciones que están preparando, si la persona de sus sueños les corresponde o si mejorará el delicado estado de salud de algún familiar...
Leonor Alazraki, una de las más prestigiosas cartomantes de nuestro país, reconoce el papel de “psicóloga” que se ve obligada a ejercer dentro de su profesión: “A los videntes acuden hoy hombres y mujeres, independientemente de su posición social o preparación. Por mi consulta pasan catedráticos, universitarios y personas sin estudios. Porque en todas las épocas el hombre ha querido saber de sí mismo, quiere conocer su futuro. Y es un tópico decir que las amas de casa son ignorantes o tienen escasa formación. La curiosidad, la desorientación, en ocasiones la angustia, motivan la búsqueda de ayuda. La tarea del adivino puede situarse entre las del psicólogo y la del sacerdote”[3].
Aunque los motivos que suelen impulsar a acudir a la consulta de un vidente responden a las necesidades básicas englobadas en el tópico “Salud, Dinero y Amor”; parece que las cuestiones relativas al plano de los sentimientos suelen ser las más habituales. Como muy acertadamente señala la sensitiva Pilar, del consultorio de Rossana: “Por muy mal que vaya la economía, los temas sentimentales son los más frecuentes. Lo que realmente a todos nos preocupa es el amor, aunque no tengamos dinero; sobre todo a nivel matrimonial. Lo que es el núcleo de la sociedad, es decir, las familias, están bastante desestructuradas, debido al exceso de infidelidades”.
A través de los arcanos del Tarot, Pili, como prefiere que la llamemos, asegura haber descubierto muchos casos de este tipo de “doble moral”: “En ocasiones descubres cosas que te sorprenden como mujer, como el caso de un señor que acudió a mi consulta y me dice que está casado y, efectivamente, ves que su matrimonio va genial y, sin embargo, descubres que este señor tiene una ‘vida doble’ y se acuesta con hombres”[4].

Los mecanismos de la videncia
Pero, ¿es posible que esas inquietudes obtengan respuesta a través del consultorio de un vidente? Para la realización del presente trabajo hemos accedido a que nos “echen las cartas” casi medio centenar de tarotistas. Esta experiencia nos ha permitido conocer a fondo cómo trabaja un vidente y qué tipo de relación se establece entre éste y la persona que acude a su consultorio. A partir de ahí, y aunque no descubriremos nada nuevo fuera del sentido común, hemos desarrollado un modelo teórico (dividido en tres niveles) y que, expresado desde el paradigma de la Psicología, permitiría explicar parte de lo que ocurre durante la consulta a un sensitivo, dejando abierta la posibilidad de que se produzcan auténticas manifestaciones ‘Psi’.
Desde el mismo momento en que una persona es recibida por el cartomante en su consulta, se establece una relación entre ambos. El tipo de conexión que se genera dependerá, por un lado, de la receptividad y las dotes sensitivas del vidente y; por otro, de la apertura mental y las expectativas del consultante. Dependiendo de cómo se conjuguen ambos, y del “feeling” que se establezca, se desarrollará el marco en el que se producirá la consulta, que puede alcanzar, por este orden, uno o varios de los siguientes niveles:

*Nivel intuitivo-deductivo (Paradigma ortodoxo: Psicología)
*Nivel de transmisión psíquica (Paradigma especulativo: Parapsicología)
*Nivel de manifestación precognitiva (Paradigma especulativo: Parapsicología)

El primer nivel está dentro del paradigma ortodoxo de la ciencia aceptada –en este caso, la psicología-, mientras que los dos siguientes niveles entran en el terreno especulativo de los supuestos fenómenos descritos por la parapsicología. A continuación vamos a describir cada uno de estos niveles, desgranándolos en cada uno de sus elementos:

*Primer nivel: Intuitivo-deductivo
Un vidente puede adivinar muchas más cosas de las que imaginamos haciendo uso de una buenas dotes de observación y aplicando, en la mayoría de los casos inconscientemente, la lógica más elemental. Como muy acertadamente señala Robert Tocquet, profesor de Antropología y miembro del Comité Directivo del Instituto Metapsíquico Internacional: “Puede decirse que la práctica del arte adivinatorio se presenta bajo dos aspectos: uno conjetural y otro adivinatorio propiamente dicho. Solo esta segunda forma de la videncia pertenece al ámbito paranormal. La “conjetura” es, en efecto, una operación racional, basada en un conjunto de deducciones lógicas que resultan de la fisonomía, el vestir, las alhajas, la actitud, la mirada, el modo de expresarse, las manos y la conversación”[5].
En realidad, reiteramos que aquí no vamos a descubrir nada nuevo que otros no hayan observado antes, nuestra única pretensión es “desmenuzar” el proceso de adivinación en una serie de elementos para configurar un modelo teórico explicativo. Para ello partimos de nuestras propias observaciones “de campo” y las conclusiones que se derivan, confrontándolas con lo que otros autores hayan observado antes y, cuando así fuere, remitiéndonos a lo que ellos mismos, mucho mejor que nosotros, hayan expresado en su momento.
a) Primera Impresión: De una manera inconsciente, y acostumbrado a tratar cada día con personas de todo tipo y condición social, el vidente obtiene una primera impresión de su cliente observando su fisiognomía (curiosamente la fisionomancia pretendía ser un arte adivinatorio en la antigüedad), sus gestos, su voz, su manera de vestir y algún detalle adicional (anillos, colgantes, etc..). Cualquiera de estos detalles puede revelar mucho de una persona.
Las uñas mordidas indicarán que la persona es nerviosa o está atravesando algún problema de ansiedad. La ropa, posibles joyas y, sobre todo, el reloj y el desgaste visible en los zapatos, sugieren cuál es el status económico de su propietario. También el acento y el uso de ciertas expresiones verbales son reveladoras de la procedencia y clase social de la persona.
Se puede creer o no en la adivinación del futuro a través de las líneas de la palma de la mano (quiromancia); pero es un hecho cierto que la observación de uñas, dedos así como el resto de la complexión de la mano reflejan mucho acerca de su propietario. Así, por ejemplo, una persona que trabaje en el campo o un obrero de la construcción tenderá a forjar una mano gruesa y ancha, muy diferente a la de quien ejercite sus dedos tocando el piano o tecleando un ordenador. Por todos es sabido que, incluso la manera de dar la mano en el saludo, nos aporta sustanciosa información sobre el temperamento y carácter de la persona.
A partir de todos estos elementos, el vidente podrá “intuir” suficientes aspectos de la persona tales como la clase social a la que pertenece, nivel intelectual, algunos rasgos de su personalidad y carácter, etc...
b) Atmósfera sugerente: Conocido el motivo que le trae hasta su consulta, el vidente depositará sobre la mesa su clásica baraja de Tarot. La imaginería de los arcanos, siempre sugestiva, acompañada de la parsimonia con la que el tarotista baraja y extiende el mazo de cartas, contribuyen a crear una atmósfera sugerente que alimenta una envolvente aureola “de misterio” en torno a la mesa camilla en la que se recibe al consultante.
La famosa clarividente Sybil Leek reconoce y explica, mejor que nadie, la importancia de conseguir una atmósfera adecuada en el velador de un consultorio que logre fascinar suficientemente al consultante: “Nada resulta tan intrigante como penetrar en la morada de un mago de la bola (de cristal) de la escuela antigua. La atmósfera rancia de otra edad, cargada de misterio, causa un impacto formidable tan pronto como el cliente cruza el umbral, tanto si se trata de un apartamento, un despacho o un nicho excavado en un muro, dentro del recinto de una feria (…) Generalmente, el cuarto está poco alumbrado, y de las paredes cuelgan muchos tapices. Las grietas suelen taparse con fotografías firmadas por los clientes, preferiblemente ya descoloridas...”[6].
c) Expectación: Conjugados entre sí, todos estos elementos acaban generando un ambiente de expectación en el consultante que -salvo que éste mantenga un escepticismo radical, por lo que no entenderíamos por qué ha ido a la consulta-, terminará predisponiéndole a la idea de que va a oír una serie de “revelaciones” sobre su persona y futuro inmediato que, de algún modo, están “escritos” en las cartas.
d) Contextualización: A partir de ahí, el cartomante comenzará a emitir una serie de afirmaciones vagas e imprecisas pero que serán escuchadas por el cliente quien, mentalmente, las situará en el contexto adecuado de su problemática, cubriendo las lagunas generadas por sus inquietudes.
Así, por ejemplo, mientras que el vidente se expresa diciendo vagamente: “Veo que tiene usted un asunto pendiente que encuentra numerosos obstáculos”; para el consultante resultará lógico que se refiere a esos trámites de divorcio que permanecen estancados o a la renovación de ese contrato de trabajo que la empresa ha postergado. Se produce así lo que podríamos denominar como una contextualización de ambigüedades que, más tarde, permanecerá en nuestra memoria ligada a un falso recuerdo.
Casi sin necesidad de ser invitado a ello por el cartomante, el cliente se encargará de “ayudarle” aclarándole de una manera más explícita toda esa serie de retazos “intuidos” a través de las cartas. De este modo, nuestro particular sensitivo obtendrá nuevas pistas sobre las circunstancias que rodean a la persona que acude a su consulta (si está casado, tiene hijos o su trabajo es o no estable, etc...), permitiéndole aproximarse de un modo más concreto a su situación particular.
Asimismo, atendiendo selectivamente a aquello que le interesa (que está asociado al motivo de su consulta), y a través de gestos inconscientes (acercarse a la mesa, asentir, etc...) el cliente tenderá, de una manera involuntaria, a reforzar los aciertos del vidente, lo que le permitirá orientarse en su “lectura” de las cartas. La observación atenta de estos gestos inconscientes así como de las reacciones que la persona manifiesta ante lo que el vidente le está expresando es lo que, en el argot del mentalismo, se conoce como “lectura fría”. De este modo, puede acotarse progresivamente el círculo sobre las cuestiones que interesan al cliente y advertir cuales son sus preocupaciones.
El antropólogo francés Robert Tocquet describe muy bien esta dinámica: “Algunos videntes utilizan igualmente una especie de mayéutica consistente en dejar caer, al azar, frases triviales entremezcladas con designaciones precisas: fechas, nombre de lugar, nombres de pila, nombres propios, etc. Ahora bien; una de esas frases o de esos nombres es casi seguro que evoque, en cualquier persona, acontecimientos vividos, imágenes de lugares o individuos. En cuanto oye un nombre conocido por él, el cliente reacciona con un asentimiento, con una confirmación, y añade por lo general algunos detalles nuevos. El camino queda indicado y la vidente se adentra resueltamente por él[7].
e) Respuesta Lógica: Es cierto que lo que muchos videntes adivinan del cliente está dentro de los márgenes de la lógica y el sentido común. Circunstancia ésta que es esgrimida por los más escépticos como un argumento más para tratar de reducir el fenómeno de la clarividencia a una simple manifestación de dotes deductivas. Sin embargo, también es lógico que las circunstancias de la vida cotidiana del cliente y que el tarotista debe “intuir” están, en la mayoría de los casos, encauzadas dentro de lo comúnmente consideramos como corriente; es lo que podríamos denominar como biografía tipo.
La vida de la gran mayoría de los mortales responde a parámetros muy similares. Casi todos tenemos las mismas inquietudes y luchamos por conseguir objetivos idénticos. En nuestra sociedad occidental, vamos al colegio durante la infancia para, posteriormente, labrarnos un futuro laboral que nos permita adquirir una estabilidad económica. Posteriormente, podemos elegir entre vivir solos o compartir techo con otra persona. En casi el 80% de los casos, la gente suele inclinarse por el deseo de fundar una familia, criar a sus hijos y hacer frente a una hipoteca.
Los problemas derivados de este marco de elecciones también suele ser bastante similar: dificultades para llegar a fin de mes, desavenencias con la pareja que pueden desembocar finalmente en separación o en el mantenimiento de la relación conyugal con las tiranteces habituales, preocupaciones por los hijos o, cuando ya se ha atravesado cierta etapa de la vida, preocupaciones por el estado de salud. En definitiva, que cualquier cuestión que se plantee al vidente podrá situarse dentro de la famosa tríada Amor-Dinero-Salud.
f) Memoria ilusoria o falso recuerdo: El consultante saldrá de la consulta con la sensación, incrementada a medida que transcurra cierto lapso de tiempo, de que, efectivamente, el vidente ha “adivinado” realmente detalles de su vida personal. Esto ocurre cuando se olvidan los pormenores de la entrevista mantenida con el cartomante y tan sólo se recuerdan los elementos emocionales sugeridos en el ambiente que describíamos al principio. En nuestra memoria se conserva mejor lo subjetivo (sensaciones y expectativas alimentadas por la atmósfera sugerida en el consultorio) que lo realmente objetivo (contenido real de lo que se ha dicho y escuchado en la entrevista), que se recuerda de manera distorsionada. Al mismo tiempo, la memoria selectiva del cliente tenderá a recordar mejor los aciertos que las ambigüedades o errores del vidente.
Al conjugarse todos estos elementos citados, puede generarse en la mente del consultante lo que en Psicología se conoce como paramnesias o falsos recuerdos que, “rellenando” las lagunas que suelen producirse en nuestra memoria, contribuyan a alimentar la sensación de que efectivamente, el vidente ha acertado en sus vaticinios. Este proceso también se conoce como relleno en retrospectiva.
g) “Intuición” profesional: Hasta aquí, hemos ofrecido una explicación “lógica” sobre los factores que intervienen durante una sesión de videncia, y propician que el tarotista realmente “adivine” cosas sobre el consultante, sin necesidad de recurrir a mecanismos extrasensoriales. Probablemente ésta, y no otra, sea la explicación que mejor encaje en la mayoría de los consultorios. Ahora bien, ¿podemos dar la razón a los más escépticos cuando afirman que los mecanismos descritos responden a una estrategia de “engaño” o de “fraude” por parte del vidente? La respuesta es un rotundo no.
El vidente que se dedica a ello profesionalmente, acumula a lo largo de los años una experiencia idéntica a la que puede adquirir un psicólogo en su consulta. De este modo, suple la dificultad de poder canalizar su “sexto sentido” siempre y en todo momento, haciendo uso de esa misma intuición que desarrolla cualquier profesional de la Psicología o de la Psiquiatría como consecuencia de su experiencia adquirida con el tiempo, tras haber recibido en su consulta a miles de personas. ¿Para qué esforzarse en usar una facultad extrasensorial cuando lo que preocupa al consultante puede ser adivinado de igual modo a través de esa “intuición”?
h) Beneficio terapéutico: Si el vidente ejerce su profesión de manera honesta –y la mayoría así acostumbran a hacerlo-, los consejos que éste pueda brindar a su cliente seguramente ejercerán un beneficio muy parecido a la orientación que ofrezca un psicólogo. En este sentido, los videntes desempeñarían una función social que merece destacarse; ejerciendo muchas veces de “psicólogos” para las clases sociales más desfavorecidas. Incluso cuando el tarotista no se muestra demasiado acertado en sus “intuiciones” puede llegar a ejercer una influencia favorable en su consultante. Lo importante no es lo que el vidente adivina sino lo que le expresa a su cliente.
En una conversación entre amigos, esuchamos en cierta ocasión el caso anecdótico de una joven que acudió a la consulta de una vidente motivada por los problemas que tenía con su marido, después de que la rutina y la monotonía mermaran su relación de pareja. La mujer, a través de las cartas, le expresó que su sensación estaba equivocada, pues su esposo la quería muchísimo, más de lo que ella pudiera imaginarse y que éste estaría dispuesto a sacrificarse por el amor que sentía, aunque no lo manifestara habitualmente. Tan convincente debió ser lo que la joven escuchó en la consulta que, nada más regresar a casa y cruzar el recibidor, se abalanzó sobre su marido comiéndoselo a besos. A partir de aquel día, la relación de pareja mejoró. En este caso, e independientemente de que la vidente acertara o no –que es un hecho que no debe preocuparnos-, probablemente con sus palabras ejerció una influencia conciliadora en un matrimonio que, como consecuencia de la rutina diaria, atravesaba por uno de esos habituales períodos de crisis.
En otras palabras, y como todo el mundo sabe, si te aseguran –o uno mismo asimila- que las cosas te van a ir bien, probablemente te convenzas de que es cierto y contribuyas, inconscientemente, a que mejoren[8].
Pero no todas las consultas a un vidente encuentran una explicación tan “racional”. Dando un salto hacia el terreno de lo especulativo –pues se trata de fenómenos no aceptados por el paradigma de la ciencia oficial- tal vez la parapsicología nos ayude a explicar qué es lo que ocurre en determinadas experiencias…

*Segundo nivel: Transmisión psíquica
El éxito de un vidente depende, en gran medida, de la predisposición favorable que manifieste el cliente a que “le adivinen el futuro”. Se desencadenan entonces una serie de mecanismos de transmisión psíquica o telepatía, muy difíciles de separar de los auténticos fenómenos de Clarividencia.
a) Predisposición psíquica: En Parapsicología hay una máxima según la cual, el escepticismo inhibe la manifestación espontánea de ciertos fenómenos. Como el lector ya sabe, experiencias realizadas en laboratorio con las famosas cartas Zener demuestran que los fenómenos de PES (Percepción Extra-Sensorial) se producen con mayor facilidad entre los sujetos que “creen” que la telepatía es posible frente a quienes abrigan mayor escepticismo, que son los que obtienen peores resultados –bautizados en Parapsicología como “ovejas” y cabras respectivamente después de que la doctora Gertrude Schmeidler de la Universidad de Nueva York midiera los resultados de PES entre creyentes y escépticos a comienzos de la década de los cuarenta-. Este hallazgo no está tan alejado del sentido común: en cualquier habilidad que se desarrolle, se obtendrá mayor rendimiento si se mantiene la confianza de que se va a conseguir el objetivo perseguido.
Esta ley es perfectamente aplicable a los fenómenos de videncia. Del mismo modo que una actitud escéptica se traducirá en una especie de “barrera psíquica” que bloqueará al sensitivo; la “apertura psíquica” que el consultante sea capaz de brindar permitirá establecer un mejor “contacto” entre ambos.
b) Feeling telepático: El “feeling” que se establezca entre sensitivo y consultante permitirá que se canalicen ciertos fenómenos de naturaleza telepática. La receptividad del vidente se convertirá en una “esponja” que recibirá todo aquello que el cliente quiera transmitirle referente a las experiencias que han marcado su pasado, las circunstancias con mayor carga emocional que rodean sus problemas personales en el presente, así como sus perspectivas y planes de futuro. Los posos del café, la bola de cristal o los arcanos del Tarot serán tan sólo una herramienta de trabajo que facilitará su concentración.
c) Manifestación de un futuro probable: Así, el cliente se sorprenderá de la exactitud con la que el sensitivo describe algunas experiencias de su pasado así como ciertos detalles que rodean su vida personal. En estos casos, el futuro vaticinado debe ser escuchado como un “futuro probable”, ya que está “contagiado” por las expectativas y temores que el cliente transmite telepática e inconscientemente al sensitivo. Lo que el vidente augura no tiene por qué ocurrir necesariamente, sino que dependerá de los planes y proyectos del particular que pueden inclinar el futuro en uno u otro sentido. En otras palabras: el futuro puede modificarse.
Pero, en algunas ocasiones, el sensitivo es capaz de augurar hechos y acontecimientos que, en principio, no eran previsibles que ocurrieran para el consultante, lo que descartaría una simple comunicación telepática. Estaríamos ante la manifestación de un fenómeno de mecanismos tan complejos como desconocidos...

*Tercer nivel: Manifestación precognitiva
Retomamos la definición clásica que sobre la Precognición nos ofrece el Premio Nobel Charles Richet (1850-1935) formulada en 1921: “Precognición es la indicación por un sujeto de un hecho que todavía no se ha realizado y que ninguna sagacidad, ninguna perspicacia permitía prever”[9]. En base a su concordancia temporal, la Parapsicología clasifica este tipo de manifestaciones en:
Precognición: Facultad de conocer directamente lo que sucederá en un futuro más o menos próximo.
Simulcognición (más conocida como Clarividencia): Facultad de conocer un acontecimiento que está sucediendo en aquel mismo instante.
Retrocognición: Facultad o conocimiento de un acontecimiento producido en el pasado.
Aunque es imposible pensar que todos los adivinos que se anuncian en los periódicos sean capaces de manifestar auténticas facultades de precognición siempre en cualquier momento y lugar, sí reconocemos que existe un porcentaje de casos en los que algunos son capaces de vaticinar hechos futuros cuyas probabilidades escapan a lo estadísticamente previsible.
En este caso, y para que lo consideremos un auténtico episodio de precognición, el suceso pronosticado debe escapar al margen de lo que el consultante pueda considerar como un hecho previsible en el marco en el que se desarrolla su vida cotidiana. Es decir, no resultaría significativo predecir a una mujer, que fuera joven y atractiva, que se tropezará con un apuesto pretendiente en breves semanas, ya que, simplemente, se estaría anunciando un hecho absolutamente natural y previsible dentro del futuro inmediato de la interesada.
Para que estos casos, poco habituales, se produzcan, deben combinarse una serie de factores: que el profesional sea un auténtico sensitivo y que se den las circunstancias adecuadas que propicien su concentración. Y nadie, por muy bueno que sea, está libre de cometer un error...
Pero es más, aunque el sensitivo “acierte” en su augurio, esto no es motivo suficiente para considerar que, realmente, se ha adelantado de un modo “extrasensorial” al futuro: el consultante puede autosugestionarse ante lo pronosticado e inconscientemente hacer que la “profecía” se cumpla. Los que somos aficionados a estos temas estamos acostumbrados a escuchar testimonios de quienes han conocido personas que han acudido a la consulta de un adivino y éste les ha pronosticado que iban a sufrir algún tipo de accidente que, finalmente, se ha producido. Cabe pensar más en la posibilidad de una autosugestión que en la de un vaticinio acertado.

La importancia del beneficio terapéutico
En la mayoría de las ocasiones, es más que probable que el vidente no “adivine” absolutamente nada, pero ejercerá sobre su cliente una auténtica labor terapéutica, mucho más recomendable que la de cualquier psicólogo. En una sociedad cada vez más fría y deshumanizada, los seres humanos necesitamos ser escuchados por alguien que nos brinde confianza y eleve nuestra autoestima. Es en estos casos en los que la experiencia del vidente, obligado a escuchar diariamente los problemas de los demás, le permite convertirse en psicólogo y consejero de la persona que acude a su consulta; orientándole, ya sea con las runas o las cartas del Tarot, a exponer sobre la mesa sus conflictos para ayudarle a recobrar la confianza perdida en solucionarlos.
En todo caso, y si es usted de los que se animan a acudir a la consulta de un vidente, lea primero las recomendaciones que le ofrecemos en el cuadro aparte. Se crea o no en ello, el mundo de la videncia es lo suficientemente sugerente como para acercarse a observarlo dejando a un lado el obstáculo de nuestros temores y prejuicios.

Cuadro:
Consejos para ir a la consulta de un vidente
Si usted también se anima a la experiencia de consultar un vidente, aquí le damos unos pequeños consejos que, quizás, le puedan ser útiles para evitar ser timado y le permitirán sacar un mayor provecho de su experiencia.
*Mantenga su mente abierta. Elimine prejuicios pero sin caer en la credulidad. Considere únicamente que va a experimentar un juego lúdico que puede ser sugestivo para usted.
*Si se considera una persona sensible, advierta al vidente de que no quiere conocer posibles hechos traumáticos que puedan ocurrirle en el futuro o que se los comunique de una manera dosificada.
*Calibre con relatividad lo que el vidente le vaticina. Lo que él le está “leyendo” en las cartas no tiene porqué ocurrir si usted hace uso de su libre albedrío y determina lo contrario.
*Desconfíe del vidente que sobreestima sus capacidades, hace ostentación de títulos rimbombantes o fija precios abusivos.
*En todo caso, desoiga las predicciones negativas y quédese siempre con las augurios positivos: haga todo lo posible para que éstos se hagan realidad.



Cuadro:
Psicología del vidente
El doctor Fernando Jiménez del Oso (1941-2005), pionero de la divulgación de estos temas en nuestro país, ya observó esta curiosa relación entre determinados cuadros médicos y la catalización de supuestas facultades psíquicas: “Hace algunos años –explica-, inicié en el hospital psiquiátrico donde trabajaba una investigación que las circunstancias han dejado interrumpida por el momento. Se trataba de demostrar, reuniendo el número suficiente de casos, que personas no dotadas de capacidad paranormal daban muestras de poseerla cuando enfermaban con cuadros en los que predominaba la angustia endógena. El camino podría conducir a resultados eminentemente ‘prácticos’, tangibles, puesto que la química de la angustia comienza a ser conocida, y si parece demostrar que las condiciones metabólicas generadoras de angustia endógena implican también la aparición de fenómenos paranormales, no se estaría muy lejos de la posibilidad de potenciar éstos. No se trata de una intuición, sino de la observación suficientemente repetida de la asociación angustia-paragnosis en la consulta ambulatoria”
[10].
Trazando un perfil sobre la naturaleza psicológica de los videntes, el doctor Jiménez del Oso concluye que son personas "hipersensibles, generalmente neuróticos, con problemas emocionales y dificultades en su entorno, situación que les produce inseguridad y compensan creando otras defensas. Posiblemente poseen condicionamientos bioquímicos determinados. Cuando abren consultorio, si demuestran su eficacia, se ven requeridos, necesitados, también queridos pero sobre todo útiles. La comunicación entre ellos y el cliente se establece a niveles hondos y afectivos. La videncia les salva y les recompensa. Cualquier persona que ocasionalmente se encuentre inmerso en un grave problema emocional, puede desarrollar un cuadro de videncia..."
[11].



Cuadro:
La opinión de los escépticos
Georges Charpak, premio Nobel de Física y Henri Broch, profesor también en dicha materia, reducen el fenómeno de la PES espontánea a una simple casualidad. Partiendo como ejemplo de los casos en los que alguien cree presentir la muerte de un ser querido, desarrollan una explicación estadística. Considerando una serie de estimaciones probabilísticas, calculan que, la probabilidad de que alguien se acuerde, por ejemplo, de un familiar del que no sabe nada desde hace años y que cinco minutos después reciba la noticia de que esta persona ha fallecido, es, aproximadamente de una posibilidad entre cien mil
[12].
Esta probabilidad es, ciertamente, muy baja. Sería, tal y como ejemplifican los autores, igual que si lanzáramos una bola al azar sobre un tablero de cien mil casillas y ésta cayera justo sobre la única de color rojo. Sin embargo, Charpak y Broch elevan esta probabilidad al considerar todo el censo de la población de un país, de lo que resultaría un total de más de diez casos diarios de supuesta premonición: “Suficiente –concluyen- para alimentar ampliamente la leyenda, sobre todo si recordamos que nuestras hipótesis de partida son muy bajas y que el valor real es claramente superior al encontrado. En otras palabras, resulta casi imposible no encontrar entre nuestros conocidos a una persona a la que le haya ocurrido algo así. Este tipo de sucesos premonitorios está pues muy extendido y no presenta ningún elemento de paranormalidad”
[13].
Hasta ahí, la explicación perfectamente válida argumentada por estos científicos sobre el supuesto fenómeno de las premoniciones. Sin embargo –y en nuestra modesta opinión-, Charpak y Broch pretenden zanjar de un plumazo el problema recurriendo a la pretendida trampa de las estadísticas. Eluden así el esfuerzo de buscar una causa para limitarse a reconocer la existencia de una mera correlación fruto del azar. Quizás esta manera de proceder no sea la más adecuada dentro de un protocolo científico.
Cierto que muchas “coincidencias” encuentran una fácil explicación recurriendo a la estadística. Pero, si aceptáramos como válido el razonamiento propuesto por Charpak y Broch no tendríamos que preocuparnos, por ejemplo, de analizar las causas por las que se ha estrellado un avión buscando ninguna “caja negra”. Bastaría con asumir el mero hecho estadístico según el cual, si de cada aeropuerto internacional despegan al cabo del año un total de cien mil aviones, es estadísticamente probable que, alguno de ellos, termine inevitablemente sufriendo un accidente. Sin embargo, cuando esto ocurre, en lugar de depositar la respuesta en un fatídico capricho del azar, se busca una explicación. Ésa, y no otra, es la intención de la Parapsicología.

Por Antonio Luis Moyano
EOC nº 54


NOTAS:

[1] La leyenda sugiere que fueron siete los emisarios que se desplazaron hasta los siete oráculos (seis griegos y uno egipcio).

[2] Entrevista personal, 24 de Mayo de 2002.

[3] Cfr. Alazraki, L. (1992). Columna de opinión recogida en el fascículo “Adivinos: la magia popular hoy”, nº 27 de la colección “Satanismo y Brujería: enciclopedia de las ciencias metafísicas”, vol. II, pag. 315.

[4] En entrevista personal el 1 de Diciembre de 2002.

[5] Tocquet, R. (1971), “El inventario de lo sobrenatural”, Enciclopedia Horizonte. (Editorial Plaza y Janés: Barcelona), pag. 82.

[6] Cfr. Leek, S. (1973). “El perfecto manual de la pitonisa”, (Ediciones Picazo: Barcelona), pag. 156.

[7] Cfr. Tocquet, R. (1971), "El inventario de lo sobrenatural". (Plaza y Janés: Barcelona). pag. 82.

[8] Es lo que en Psicología se conoce como “profecía autocumplida”.

[9] A pesar del tiempo transcurrido, casi todas las definiciones que hemos encontrado en las distintas fuentes consultadas sobre la palabra Precognición, son unánimes en aceptar la que ofreciera en su momento el célebre científico francés. Basten algunos ejemplos: Eysenck, H. J. y Sargent, C. (1984). Op. cit. p. 15: “La palabra Precognición significa conocimiento anterior, es decir, conocimiento de sucesos futuros que no pueden haberse obtenido por medios sensoriales o por un simple proceso de lógica”. Bonin, W. F. (1976). Op. cit, vol. 2, p. 646: “El tener conocimiento de un estado de cosas o de un acontecimiento futuros, que no se espera y que es imposible de reconocer con anterioridad. La especial dificultad de este fenómeno para el pensamiento radica en quecuando la experiencia precede al estímulo queda suprimida la causalidad”. Morel, H. V. y Dali Moral, J. (1977). Op. cit. p. 144: “Captación de un suceso futuro que no puede ser conocido por inferencia lógica. Puede tener lugar en estado de vigilia, o bien, durante el reposo (estado de sueño)”.

[10] Cfr. Jiménez Visedo, A. (1979) “Poderes Ocultos de la mente” (Ediciones Uve. Madrid). Introducción de Fernando Jiménez del Oso, pag. 9.

[11] Entrevista de Isabel Álvarez Villamil al Dr. Jiménez del Oso en Álvarez Villamil, I. (1990), "El inquietante mundo del vidente" (Ediciones Obelisco), pag. 319.

[12] Los autores parten de las siguientes premisas, según las cuales, a lo largo de un año, una persona normal suele recibir la noticia de diez fallecimientos en su entorno, y el recuerdo de alguien al que hace tiempo que no vemos se produce una vez al año. La posibilidad, por tanto, de que el recuerdo de una persona nos asalte en la memoria justo cinco minutos antes de que recibamos la noticia de su muerte sería de 1/105120.

[13] Cfr. Charpak, G. y Broch, H. (2003). “Conviértase en brujo, conviértase en sabio”, (Ediciones B: Barcelona), pag. 113.