miércoles, setiembre 24, 2008

Lo que opinan de El Ojo Crítico en su nº 58


Lorenzo Fernández
Director de Enigmas de Hombre y el Universo.
www.akasico.com

1995 fue el año de los boletines. Esta generación que ahora acumula éxitos a través de programas de masas en la pequeña pantalla, o con sus libros se convierten en auténticos best-seller internacionales, o dirigen las revistas especializadas y presentan espacios radiofónicos de gran audiencia se gestó –periodísticamente hablando–, hace ya casi quince años, en formatos menos glamurosos, sujetos por dos grapas y poco más, pero qué duda cabe que rebosantes de esa pasión e ilusión de la que hoy carecen muchos medios. Eran los boletines, páginas en blanco que un grupo de jovenzuelos llenaban con esfuerzo y dedicación, plasmando el resultado de sus modestas investigaciones, noticias, casos, opiniones más o menos sanguíneas… España entera poseía una “red” que nada tenía que ver con Internet, porque ésta ni tan siquiera la soñábamos por aquellas fechas, una tela de araña que iba de norte a sur y de este a oeste comunicando a los amantes de nuestros temas a través de fanzines hoy recordados como auténticas plataformas de culto. Aquello ya pasó, y El colegio invisible, La última hora, Desclasificado, Cipno, Verne, Búsqueda, Frontera Científica… quedaron sumidos entre las brumas del olvido, como si ya hubieran cumplido su función; como si su efímera existencia hubiera ido unida al implacable avance de las revistas especializadas. Era demasiado altruista para ser real, y como las buenas causas, acabó sucumbiendo de un día para otro.

De aquel tiempo romántico e inigualable sobrevive EOC, decano entre los decanos, reducto de contrariedades, azote de unos y refugio de otros. Información de misterio en estado puro; sin dobleces ni cortapisas, porque el equipo que hay detrás hace buena la cita de Leonardo da Vinci que afirma que “la cara es el espejo del alma”; EOC es el espejo de aquéllos que desde hace más de una década, ya casi dos, han preferido mantener firmes sus convicciones –acertadas o no, que eso cada cual lo ha de dirimir–, diciendo lo que piensan, mostrando a las claras la información, pesara a quien pesara, viviendo con intensidad estos temas; porque tras sus páginas hay toda una filosofía de vida. EOC sigue siendo un suspiro en el desierto, algo a lo que mirar de vez en cuando para no perder la ilusión en tiempos aciagos, porque ellos como nadie encarnan el espíritu que surgió en aquel lejano 1995; y pese a las dificultades del camino, lo mantienen vivo…
Nacho Ares
Director de Revista de Arqueología
www.nachoares.com

He de reconocer que siempre he estado al margen del circuito de boletines como EOC. Para ser sinceros, éste es el único que recibo puntualmente en mi correo electrónico cada vez que sale a la luz. La razón es obvia. Aunque tengo un gran interés en las temáticas que analizan e investigan, mi verdadera especialidad, la egiptología, no suele tener mucha presencia en las páginas de este tipo de publicaciones. No obstante, insisto, el mundo de “estos temas” siempre me ha apasionado. De hecho entré en el mundo de la egiptología de la mano de los enigmas históricos que descubrí leyendo libros de OVNIs y literatura afín. Siempre fui, desde niño, un fiel seguidor de programas de radio y televisión de “estos temas”. Por lo tanto es muy difícil que, de una forma drástica, me desvincule de ellos.

No voy a contar las innumerables virtudes que tienen publicaciones como EOC. En el caso de este boletín, quizá por que conozco a la ácida pluma que se esconde detrás, lo que más me gusta es la exposición de la intrahistoria que discurre detrás de muchas de las noticias que se publican. Podríamos hablar de cotilleos. De prensa rosa del misterio. Pero a mí me hace mucha gracia. Lógicamente muchas de esas noticias ya las conozco de antemano por razones evidentes o que no vienen al caso. No obstante, siempre parece que la noticia adquiere más peso cuando la ves publicada sobre un soporte físico como el papel o digital como es el caso de Internet. Desde la distancia se ven las cosas con otro color. No participo de rencillas provincianas del tipo, “vete de esta investigación en no sé qué casa encantada de no sé qué pueblo del Sur”, o “éste dice que vas mucho por Egipto porque te dedicas al tráfico de antigüedades” (cosa que dicen por ahí de mí). Me parto.

Si bien no siempre de manera directa, sí de forma indirecta, muchas veces se ven esas intrahistorias en las páginas del EOC. Imagino que el editor de la publicación se lo tiene que pasar pipa con ese trabajo. Son muchos años en el candelero y la experiencia sabe aportar esa doble lectura de las cosas. Volver a oír a gente que tenías totalmente perdida desde hacía años; conocer a otros de los que solamente sabías el nombre por alguna charla distendida con otros investigadores... son ingredientes deliciosos que podemos descubrir aquí. Ahora bien. EOC es mucho más que eso, ya lo he dicho más arriba. Casi se podría decir que es una revista más del sector. Pero ese regustillo a cotilleo es lo que más me agrade del boletín. De hecho, verlo en el correo es todo un acontecimiento. Hay cosas que, por suerte para todos, nunca cambiarán y la existencia de boletines como EOC, es una de ellas.
Juan Ignacio Cuesta Millán
Licenciado en Ciencias de la Información
www.frayjuanignacio.es

No es difícil imaginarse a un viejo juglar, de pueblo en pueblo, transmitiendo las noticias. Así es como se hacía en la Edad Media. Sin papeles, que no había. Y en los conventos sólo se disponía de pergaminos hechos con pieles de animales. Pero el tiempo tuvo buenas mañas en iluminar a algún chino, que armado de todas las artes que la inteligencia ha concedido al hombre, se sacó de no se sabe donde el papel. El primer pasquín que sirvió para contar cosas, se publicó en 1457, fue el Nüremberg Zeitung. Poco después, en 1493, el Descubrimiento del Nuevo Mundo por Colón, circuló en varias ediciones. Un simple folletillo…, pero fue el primero que corrió de mano en mano, porque hasta ahora no eran sino precios en el mercado y cosas así. Desde aquel momento mágico, la historia de la información está ligada al papel indisolublemente…, y culturalmente. Porque una vez recibida la noticia, el conocimiento, su vida se prolongaba hasta los sitios más diversos: pescaderías, fruterías, mantas y colchones que daban abrigo en la fría noche a los indigentes… retretes. E incluso en estos casos servía para mejor conciliar el sueño con la palabra en tinta. La hermosa palabra en tinta de luz.

El neófito es internet, que como todo principiante balbucea de modo notable. Es lógico, ha nacido hace tan poco que tiene que caminar a gatas mientras lo va a prendiendo todo. Cómo pues dejar de publicar como sea a través de la hoja del humilde papel.

¿Vamos a olvidar las viejas imprentas clandestinas, donde los revolucionarios dejaron las pestañas en busca de la libertad? ¿A los enérgicos anarquistas que sembraron Europa de ideas contra el Antiguo Régimen? ¿Las ciclostils de los rojos de todo pelaje? Y ¿por qué no?, las soflamas cargadas de plomo de Ribentropp. El papel, impreso sea como sea, no tiene sustituto por ahora. Y si encima contiene alimentos imprescindibles para el alma, o sea el conocimiento…, herramientas para la búsqueda de la verdad..., es oxígeno del espíritu. Enhorabuena por El Ojo Crítico. Sigue siendo imprescindible para quienes andamos urgando siempre donde no conviene.
David y Germán Tenório
Directores La Llave del Misterio
www.lallavedelmisterio.com

Hace nada más y nada menos que quince años que nació el EOC, fruto de la iniciativa de muchos investigadores de lo extraño que, como su editor, defendían su afán por informar de una manera seria y rigurosa los misterios que nos rodean. Un afán que ha traspasado fronteras con lo imposible, el permanecer a lo largo de los años en la palestra sin mostrar signo alguno de debilidad, ese es el verdadero merito de este Fanzine. La verdad es que el EOC es algo más que un simple Fanzine de misterio, es el reencuentro en cada número con los trabajos de toda la gran familia de investigadores, de antes y de ahora, que no debe de acabarse nunca. Tras este largo camino recorrido solo podemos dar las mil gracias a su editor por su talante, esfuerzo y esmero en presentarnos en cada número lo mejor del misterio, con ese carácter crítico que le caracteriza. Desde tierras tarraconenses enviamos nuestros más sinceros deseos para que el EOC siga adelante con su iniciativa.