lunes, marzo 05, 2007

Farándula Pseudociéntifica en la Universidad de La Laguna


Por Casimiro Estrella
Personajes como la bruja Lola, Octavio Aceves o Aramis Fuster me provocan aversión cuando no directamente repugnancia. Se han montado el negocio en base a la credulidad y a la necesidad de la gente, y si sus clientes y las asociaciones de defensa del consumidor ejercieran su poder y se empeñaran en que la legislación que les asiste se aplicara, estos sacaperras de tres al cuarto terminarían por pagar las consecuencias de su insensatez. Nadie les pide factura ni les reclama cuando los servicios que brindan no se ajustan a la realidad: si pagamos 90 eurillos para que nos lean el futuro y no lo hacen ni de churro, pues deberíamos reclamar, que nos devuelvan nuestro dinero y punto. Y si no, almas cándidas, ¿cuando compramos un pescado de aspecto genial y al abrirlo comprobamos que está hecho una conserva, no reclamamos acaso?, ¿no exigimos que se nos cambie? Pues eso amigo, al trapo y apliquemos lo anterior a brujos, santeros, paleros y curanderos por la gloria de dios.

Hay mucho estafador suelto que nada tiene que ver con ciertas capacidades que esporádicamente insinúan que la predicción del futuro es posible. Me duele la nalga izquierda y por eso no puedo estar mucho rato reflexionando sobre el libre albedrío y otras cuestiones metafísicas. Los filósofos primero, los teólogos cristianos después y los físicos de vanguardia ahora, se han venido rebanando los sesos intentando determinar si existe o no un destino predeterminado. En mi trayectoria profesional y vital he conocido personas anónimas y excepcionales que habían vivido momentos auténticamente premonitorios.

Incluso un agente de la inteligencia española jubilado me explicó tres episodios incontestables en los que su departamento había utilizado con éxito, aunque oficiosamente, las habilidades de dos psíquicos. De algunos curanderos podría ofrecer también ejemplos válidos, pero no es el momento de describir las destreza de unos y las mezquindad de otros. Pero a esos estafadores estrafalarios de la baraja o la bola de cristal, a los que les gusta el canapé y les pierde la prensa rosa, que se anuncia en folletines diversos y publicitan gabinetes, les podemos identificar y evitar. Eso es una ventaja, y me explico.

Harina de otro costal y mucho más vomitivo resulta el papel desempeñado por un puñado de individuos, que encasullados con togas universitarias se lo montan a la manera del Sanedrín, dictando sentencia sobre lo que se tercie aunque no tengan ni pajorera idea de lo que hablan. Por Zaragoza tuvieron tiempo atrás un feudo y en la Universidad de La Laguna, ¡válgame Dios, tenía que ser en La Laguna! han logrado erigir su fortaleza y ya son varios los años en los que se reúnen en asamblea para impartir unos cursos que se convierten en una degeneración pedagógica y una excusa para hacer proselitismo de su causa.

Los “newageristas” me hinchan las gónadas pero estos tipos que van de científicos terminan por tocármelas cuando abanderan una lucha contra las pseudociencias que no es más que una expresión de su autocomplaciencia y vanidad, proyectada en una pantalla que oculta frustraciones y mediocridad. El reconocimiento que no encuentran en sus respectivos ámbitos académicos o profesionales lo buscan a la desesperada atacando a la morralla pseudocientífica, mezclando indiscriminadamente arena y cal, agua y aceite, lo que les convierte también a ellos en moralla. Solo hay que leerles o escucharles en sus diatribas para darse cuenta que su discurso es un espejismo que se parece muy poco al de los científicos y profesionales serios, quienes por cierto y con gran lógica les huyen, evitan o simplemente ignoran. El pasado año dediqué unas tardes libres a asistir a varias de las charlas y lo que me encontré fue un despropósito formativo impresionante, donde no escuché nada original, ni en los escasos argumentos ni en el lenguaje tendencioso utilizado. Pero lo que sucede marginalmente en La Laguna no es más que la expresión de otras marginalidades surgidas en la Península.

Y si no me creen echemos un breve vistazo a sus cabezas visibles nacionales, enfrascados entre sí en luchas de egos y protagonismos: Feliz Ares de Blas, brutal inquisidor de las pseudociencias y los vendedores de pócimas, antaño camarada de JJ Benítez, se montó al carro de los libros con una obra “La Sábana Santa, ¡vaya timo!” que presentó por Canarias con el apoyo de ese grupo marginal y de características sectarias que opera desde la ULL. Con objetividad leemos el libro y descubrimos que el auténtico timo es precisamente ese amasijo de páginas. Me trae al fresco el origen milagroso o no de ese trozo de tela, síndone, sabana o sudario, pero desde luego se necesita más rigor para criticar el asunto pues confunde fechas, datos de todo tipo, vamos, que se lía. No entraré en transcribir las credenciales con las que tanto él como otros pretenden avalar la divinidad de su palabra, pero es bueno saber que fue hasta el verano pasado Director General de Miramón-KutxaEspacio de la Ciencia San Sebastián y que por las mismas fechas presentó su engañosa obra escrita mal y en dos tardes.

Otro líder que no se queda corto es Javier Armentia, ¡y vaya que no!, otro director de museo, en este caso del Planetario de Pamplona, que ha destacado como el más frikie de todos. En su caso existe una irrefrenable vocación ególatra que le lleva a prestarse a cualquier sarao que se tercie, pasando por caja obvia y merecidamente, porque de lo contrario no tendría sentido sentarse ante España entera entre Aramis Fuster y el Padre Apeles, con una capa de vampiro para hacer de tribunal de videntes. Este mundo va muy deprisa y quizá ya nadie recuerde “El Castillo de las Mentes Prodigiosas”, un reality de Antena 3 que la audiencia sentenció a las pocas semanas pero que le sirvió al escéptico Armentia para sacarse un abultado sobresueldo. Da vergüenza pensar que a ese señor le pagaron para que ejerciera de profesor en esos cursos de la ULL y que más desaprensivos hagan lo mismo en otros lugares con cargo a fondos públicos. ¿Desde cuando se puede ser juez y parte?

El trío del Sanedrín escéptico –muy enfrentado entre sí- lo completa un personaje gris y quejumbroso que también ha estado por la ULL, Luís Afonso Gámez, un periodista que persigue la fama atacando cuanto puede, como puede y de manera obsesiva a JJ Benítez o al Iker Jiménez. Su objetivo, como el de aquellos que buscan el famoseo sometiéndose a polígrafos o retratándose en un despiste con un famoso, no es otro que ese, ser famoso, de ahí que disparen alto intentando llamar la atención. Sus apariciones televisivas en Bilbao son desternillantes...y es que cada uno debería conocer sus límites. A final no parece existir una diferencia sustancial entre ambos grupos, el de los frikies newageristas y el de los frikies escépticos: todos quieren vendernos su propio crecepelo y que caigamos rendidos ante su iluminación y sapiencia. No obstante, existe una diferencia sustancial, los segundos no podrían existir sin los primeros, serían invisibles.

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