miércoles, mayo 08, 2013

Manuel Carballal y Lorenzo Fernández CRONICAS DEL MISTERIO 32: Revelaciones en sueños

Manuel Carballal y Lorenzo Fernández CRONICAS DEL MISTERIO 32: Revelaciones en Sueños


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domingo, abril 28, 2013

Manuel Carballal y Lorenzo Fernández CRONICAS DEL MISTERIO 31: Buscando la invisibilidad

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sábado, abril 27, 2013

CARLOS CASTANEDA: El ocaso del Nahual


(Publicado en EOC nº 62)



Antropólogo intrépido, pícaro fabulador, brujo, invento editorial… Mientras algunos “escépticos” aún dudan de su existencia, el nombre de Carlos Castaneda se ha hecho un eco para siempre en la historia de la literatura y el pensamiento mágico.  Autor de algunos de los libros más vendidos en los años setenta y ochenta, creador de toda una corriente de pensamiento, inspirador de peliculas y documentales, portada de la revista Time… Carlos Castaneda es un mito. Pero también fue un personaje real a quien Carlos Fernández pudo conocer y tratar… viviendo la experiencia con cierto desencanto.  El desencanto de conocer al hombre tras el mito. Ahora lo cuenta su experiencia en exclusiva para El Ojo Crítico.
 


Conocí a Carlos Castaneda en el año 1995, durante una charla que brindo a sus seguidores de habla hispana en cierto local masónico en una calle  de los de Los Ángeles. Expectante al estar tan próximo de el, pensaba en si tendría aquel porte de brujo con aspecto intemporal, eternamente joven del que tanto le habían caracterizado mis compañeras de viaje.  

Tal y como me había descrito un año atrás Concha Labarta, mi anfitriona en el "Nuevo Mundo", nos encontramos con un hombre achaparrado, de hombros anchos, piel cetrina, pelo cano y ligeramente ondulado. Su mirada era jovial, penetrante y siempre estaba sonriendo. Sus ademanes eran vivos propios de una persona inquieta, aparentemente nerviosa, caminando de un lado para otro en medio del pequeño ruedo que apenas le dejábamos, rodeándole, mientras le contemplábamos sin sacarle el ojo, llenos de curiosidad.

Todos sus modos y gestos se me antojaban más propios a los de un actor que a los del sobrio brujo con el que siempre había fantaseado. Curiosa ironía esta por haberle encontrado por primera vez en un escenario en el que toda la magia que se puede ver es la propia del celuloide. Tan pronto irrumpió en escena como una estrella, caminando vivaz entre el público, saludo a todos entre entusiastas aplausos con su ya clásica "coletilla": "Hola, soy Carlos Castaneda". En este momento justo  se le cayeron al suelo las llaves que llevaba en su bolsillo. Aprovechando este incidente y mirándolas con cara de sorpresa, primero hizo un ademán de agacharse para recogerlas, al parecer frustrado (tal vez por su supuesta enfermedad?), por lo que luego aprovecho para hacer una de sus acostumbradas bromas al respecto y con voz irónica exclamo: "bueno, ahí se quedan...". Después de lo cual prosiguió su presentación comenzando a hablar del mundo "eternamente joven" de los guerreros del infinito.
 
Yo, perdido en mis cavilaciones, seguía "erre que erre" a mí manera con lo intemporal y pensaba: este hombre desprecia y se mofa de los gordos maestros de Qi Gong y le gusta hacer gala de su porte juvenil. No solo aparenta ni mas ni menos que la edad que supuestamente en el mejor de los casos se le supone sino que, sin duda envidiaría el ver como muchos de esos obesos taoistas dejan a la altura del betún tan prodigado rejuvenecimiento: sus cabriolas y ademanes fruto de la practica férrea y no del etéreo "intento" plasman con proverbial maestría tal habilidad. Vea si usted gusta el video de mi quería maestra de Kung Fu en mi blog.....

Apenas llevábamos unos pocos días asistiendo a los seminarios que la organización Cleargeen impartía en las instalaciones de la Universidad de UCLA en un estadio de Baloncesto. Diariamente acudíamos allí unas setecientas personas provenientes de todo el mundo. Yo había acudido con un pequeño grupo de España liderado por la malograda Concha Labarta: una compañera de fatigas, fotógrafa si mal no recuerdo, una pareja de psiquiatras, una chica mexicana, mi buen amigo “Miguelito” y una, al parecer, expareja preveniente de Canarias (Juan Morales?).

Tome contacto con Concha por primera vez un año antes gracias a la mediación de mi amigo Manuel Caballal. Al poco tiempo, para mi sorpresa ella acompañada de una amiga, tuvieron la  amabilidad de venir a Galicia durantes unos días a impartirme un seminario de introducción a una disciplina que, como profesor del Tai Chi y Qi Gong  me fascinaba: la Tensegridad. Los tres trabamos buena amistad y finalmente acordaron pagarme el billete a Madrid cada mes para hacer seminarios de Kung-Fu y Tai Chi, a la vez que proseguía mi formación en el otro “camino del guerrero”.

Fue un año lleno de inquietudes y búsquedas espirituales que de por si,  independientemente de lo que viniera después, valieron la pena. Nunca olvidare las charlas interminables que sostenía con Concha y con Miguelito. Con dos visiones muy encontradas uno despejaba con admirable agudeza mis numerosas dudas del, para mi, recién hoyado Mundo. Por otra parte ella, en enconadas discusiones y desencuentros siempre me recordaba aquello que con nostalgia aun conservo en mi recuerdo: el Universo de los Brujos no es un mundo de explicaciones sino de misterios y de paradojas. Este ambiente de crispación prosiguió en nuestro viaje tornando este en algo mas convencional de lo que esperaba, lleno de intrigas discusiones y tiranteces de las que siempre me veía en medio.

Me fui sin dudarlo con ellos a la que parecía ser la primera gran manifestación publica de las enseñanzas de Don Carlos, supongo que, como muchos, preñado de ilusiones por ver de cerca a este enigmático personaje.

Por las mañanas practicábamos en el estadio  la tensegridad en sesiones multitudinarias dirigidas por los llamados “jóvenes aprendices” de brujos. “Lo que cambio la cosa”, pensaba para mis adentros, aquello se parecía mas a los grandes stages de Fitness a los que estaba acostumbrado que a una reunión de brujos. Donde estaba aquel ambiente desértico donde el nagual le habría aleccionado en esos pases de los que nunca antes había hablado en sus libros? Parecía haber llegado la hora del “brujo urbanitas”. Acaso los caminos del Águila eran tan inescrutables como los del Señor? Nada parecía tener el menor paralelismo con un mundo de fantasías, paradójicamente extraído de unos libros de los que constantemente citaba entre llantos, aquellas melancólicas genialidades del legendario Don Juan.
 
Los pases mágicos pese a que ya conocía muchos de ellos, siempre se me antojaban toscos y un tanto teatrales cuando no ingenuos. Cualquier maestro de Qi Gong sabe que sus ejercicios tienen mucha mas “miga” que aquellos ademanes del intento, claramente inspirados en nuestras disciplinas, así como en otros mas propios de los bailes populares... pero siempre quedaba el misterio fácil: al parecer no es la complejidad o lo especial del gesto sino el intento dejado en ellos por los brujos. Puestos así uno se callaba y seguía adelante en denodado intento por sentir como brotaba ese ímpetu  energético que al parecer dejaba a los hormigueos del qi en meras bagatelas. Después nos hablaba jocoso entre carcajadas de los asistentes como su maestro de Qo Gong se había caído por las escaleras, ridiculizaciones del water de su profesor de facultad un tal Gardfinkel  y como Alan Wats le había hecho propuestas deshonestas. To eso debidamente amenizado por frecuentes excavaciones escatológicas sobre el tamaño del miembro de Don Juan y otras inmundicias sublimadas por la segunda atención. Yo no veía en eso más que segundas intenciones por supuesto.

Cuando caía la tarde acudíamos elegantemente trajeados (así lo ordenaba el protocolo), en un ambiente de formalidad que poco pegaba con ese look tan escatológico, histriónico e informal que tanto les caracterizaba. Escuchábamos charlas del nagual y de las brujas que eran traducidas simultáneamente  por la que, según me dijeron era Zoraida, el “explorador Naranja” (la “hija energética” del Nagual?)... genes o no en común les aseguro que pese a parecerme todo una farsa no lo hacían mal: cuando el Nagual rompía a llorar, ella al mismo tiempo hacia lo mismo sin dejar de traducir sus palabras como su llanto. Que buenos actores, me decía: es este el teatro de lo real del que hablan en su Arte del Acecho?.
                           
Ni que decirles tiene que ese mundo urbano del brujo estaba más que asesorado no solo por el teatro sino por el Marketing. En cada sesión nos esperaban con toda una hilera de tenderetes en los que las mismas delegadas que nos vendían toda suerte de artículos de brujería: los libros por supuesto (aquellos de los que luego mas tarde nos decía imperativamente: quemadlos?), objetos de poder, y muchos que ya no recuerdo pero los que mas me impactaron fueron aquellas camisetas que decían con letras chillonas “Killers of self importance”. Eso me dejo atónito: creía que esa exclamación era algo más silencioso, algo más sutil que una consigna revolucionaria al más estilo Hippie. Pero, después de todo, llegados hasta aquí, gastado el presupuesto de mis vacaciones, casi peleado con mi pareja, decidí seguir adelante y dejar de lado mis “prejuicios”. Después de todo como me decían: el camino del brujo es como firmar un cheque en blanco. Así que puestos a hacer teatro me dije: adelante con la copla, viva la disonancia cognitiva.
                           
 Una de esas tardes se presento Taisha Abelar y nos impartió una de esas doctas conferencias de lo irreal, relatándonos como viajaba en avión acompañada de un ser inorgánico. Este era algo parecido a una especie de morsa voladora que por supuesto se desplazaba al lado del avión, volando como Suerman, como un perrito faldero encariñado con su dueña. Después de leídos los libros esto entraba mas o menos crédulamente en nuestra ya de por si dilatada fantasía, pero lo mejor llego cuando nos dijo que por la tarde lo traería allí y nos dejaría verlo. Que expectación hubo en la sala: todo era un mar de murmullos al respecto. Ni que decir tiene que, como ya supondrán, por la tarde llego el turno del nagual que tornando en severo tono su histriónica versión al respecto, dijo tajantemente que le había prohibido tan atrevida función. Tal vez temía nuestro gurú de lo insólito otro mar de pánico a lo Orson Welles? Acabaría su mascota, casi extraterrestre, en las salas de disección de la Nasa?
                           
Pudimos ven también a la explosiva rubia Florinda Donner: tanta dinamita energética fue como  un soplo de entusiasmo para aquellos que preferían su estilo más ambiguo que juvenil. De ella no recuerdo nada especialmente destacable como tampoco de su otra supuesta hija, el explorador Azul, todas ellas uniformadas con su peculiar moda de hechiceros modernos (como alguna de mis amigas) con los hábitos del pelo corto, teñido a veces en mechas blancas y ropas “de batalla”. Taisha con su feminidad parecía contrastar de ese look.

Si esto les puede parecer sospechoso, le diré que el día de mi decepción mayor llego cuando soltaron otra de sus bombas cognitivas: esa noche íbamos a Ver (todos) la energía: ya no era necesario pasar todos los cangeles del viejo nagual en las tétricas cuevas de los brujos para esa hazaña: allí estaba el nagual dispuesto a apuntarnos con su meñique y de un plumazo darnos la E-Videncia de su mundo. Hicieron salir al estrado a  un grupo de unas diez personas a las que dispusieron en fila. Imagínense un número de hipnotismo de cualquier magazine de la TV: tal cual estamos acostumbrados a ver hacían una señal con los dedos entre los ojos del paciente y este caía en brazos de una persona que le recogía por detrás y le depositaba en el suelo. Seguidamente nos hicieron cerrar los ojos a todos y sin muchas mas explicaciones así nos dejaron... Pasaron los segundos, los minutos, bien largamente estimo que ella media hora y NADA, esa cortina de negro azabache de vez en cuando destilaba formas vagas, mas fruto del deseo, contrariado por no topar el  menor resplandor. así, poco a poco, mientras escuchaba sonidos de como la gente se iba levantando cansada de esperar en vano, algunos atrevidos abrimos los ojos (bueno los parpados mas bien) y pudimos constatar como la mitad de los espectadores ya se habían ido. En cuando a los brujos ya no quedaba ni uno en el palco. La función había terminado pero sus durmientes voluntarios yacían allí todavía: quien sabe si soñando o ensoñando. Nadie parecía dar la menor muestra de desencanto sino más bien de desconcierto. Después de todo llegados tan lejos, lo primero aun nos daba opciones de algo más, mientras que lo segundo nos relegaba a la más amarga de las conclusiones: abrir los ojos y no solo los parpados después de tan ilusionista espectáculo.
 
Una chica de New York al día siguiente me decía, alucinada, haber visto como ellos repartían bolas de luces para todos los presentes. Sus ojos exaltados parecían más invadidos por el fanatismo que por la energía. Para mi fuero interno cada vez estaba mas claro que aquello era la perfecta imagen, la experiencia de mi vida en cuanto a ver desde dentro como funciona una secta. Destructiva o no tenia todos lo elementos en la mesa y yo había a su vez puesto toda la carne en el asador.

Pero aun quedaba mas: entre bailes y guiños al Infinito (hasta coincidimos con un torneo de tenis llamado Infinity) otros gurús (esta vez mas familiares para mi) hacían su aparición. Después de todo no hay mejor publicidad que la dedicatoria de unos libros tan vendidos. De todos sus lectores es sabido que Don Carlos dedicaba uno de ellos al maestro de Kung-Fu Howard Lee, también residente en Los Ángeles. El, prestamente, aprovecho esta presencia multitudinaria en la ciudad para transmitir también su otra luz. A sus sesiones curativas acudieron  muchos de los asistentes. Del resultado (tan anegado estaba yo de la otra) que apenas tuve tiempo a reaccionar, poco pude saber. Este maestro fue entrevistado años después en Redes por Eduardo Punset. Le juro a ustedes que tiempo después encontré a este presentador en el aeropuerto de santiago y a punto estuve de sugerirle que invitase a esa persona  a su programa, pero por mi timidez del momento, desistí. Tal fue mi sorpresa que algún tiempo después salio la citada entrevista. Serian las brujas de allá o las meigas de acá? Quien sabe. El viaje en si no fue para nada mágico, pero si he de reconocer que hubo cosas en torno a el (antes y después) que tal vez si lo fuesen. Tal vez, no lo se.

En una ocasión todos pudimos ver como un espontáneo que se coló en las instalaciones para hacer una foto, apenas llego a  la grada cuando un fornido policía se le echo encima y dio al traste con su valiosa foto del nagual.

El penúltimo día  se organizo una gran fiesta de despedida en la Tensegridad: tocaba esta vez practicar los pases de bailes latinos de Silvio Manuel, el bailarín en los que supuestamente habría dejado impreso a golpe de zapato el intento mágico (esta vez flexible)de los brujos. Todo eso de bailarle salsa al infinito se me antojo el colmo del acecho y decidí rendirme a la evidencia y optar por un buen paseo por el campus de UCLA, en el campo de futbol sentado en la hierba y mirando para una ardilla que hizo aparición por allí me dije: será esto otra señal para que recapacite y vuelva al ruedo/nido? O será si una  como tantos miles de otras que han pasado en mi vida, por mis ojos y no he sabido apreciar? Necesito estar ahí dentro aborregándome para contemplar el misterio? O está ahí fuera en cada pequeño fenómeno que por cotidiano y corriente despreciamos en aras de una energía que se antoja predadora, manipuladora y arrojadiza?

Para los adoradores del Nagual tengo que decir que no todo son agrias palabras desde un ojo crítico, sino también dignas  alabanzas de oído fino de muchas cosas que (meritos suyos o plagios de otros saberes más dignos de crédito) nos deja ese legado, novelesco o no del linaje de los brujos.

Y es que en aras del Intento inflexible, de los designios inescrutables de la Conciencia Universal, en una cosa si le doy la razón: ser impecable es el mayor de los retos del guerrero. Pónganse a la labor y verán cuan imposible se antoja tan simple y laberíntico propósito: tanto como aceptar aquel axioma libertario del que tanto se hacían eco en las charlas: “Yo, fulanito de tal, que se va a morir, bla bla bla...”. Yo escuche con mis propios oídos como Concha pronunciaba esta letanía, entusiasmada y encendida con la que al parecer era la apuesta de su vida: ese cheque en blanco que siempre me ofrecía para firmar. Aquel que (como a todos) le paso factura años después? No lo se. Pero si se una cosa que siempre recordare aquello que engañada o no decía con entusiasmo: vivir la vida como un misterio, desestimar como ella hacia, tanta explicación “racional” de lo que es de por si y será siempre eso: misterio.

Desde los luceros ella tal vez nos mire ahora y nos guíe. He estando estos años esperando para escribir este artículo. Solo el recuerdo de ella me ha animado a hacerlo. Después de todo por conocerla valió la pena. Desde aquí te brindo al modo que, amiga mía, te hubiera gustado más: hasta pronto, estés donde estés.
Carlos Fernández*    
               *Profesor de artes marciales



martes, abril 23, 2013

Manuel Carballal y Lorenzo Fernández CRONICAS DEL MISTERIO 30: Cuando la mente controla la materia

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domingo, abril 14, 2013

Manuel Carballal y Lorenzo Fernández CRONICAS DEL MISTERIO 29: EXPERIENCIAS NEGATIVAS CON OVNIS

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sábado, abril 13, 2013

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lunes, abril 08, 2013

Manuel Carballal y Lorenzo Fernánez CRONICAS DEL MISTERIO nº 27: JESUS EN CACHEMIRA

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martes, abril 02, 2013

LRdM PROGRAMA ESPECIAL SOBRE LOS 20 AÑOS DE VIDA DE EL OJO CRITICO

Programa especial de LA RUEDA DEL MISTERIO, dedicado a los 20 años de vida de EL OJO CRITICO.

martes, marzo 26, 2013

EL OJO CRITICO cumple 20 años de vida



El affaire UMMO, el gurú Sai Baba, el origen viral del “OVNI gallego”, el Caso Daro, el mentalista Ricardo Schiaretti, el “cirujano psíqico” Andres Ballesteros, el cronovisor, las Piedras de Ica, los “aviones” del templo de Abydos, el “astronauta” de Fergana, las niñas del Camposanto, el mito de los OVNIs nazis, los “diablos” de Haití, el caso Billy Meier, el fraude de los “escépticos”, la desclasificación OVNI, el “milagro” de los caminantes sobre fuego, el OVNI de Petit-Rechain, los poderes “sobrenaturales” de los monjes Shaolin, las operaciones psicológicas del CESID con sectas o ufólogos, los drones de California, el caso Amaury Rivera, el falso OVNI de Félix Rodríguez de la Fuente… resulta difícil resumir los cientos de supuestos misterios y sucesos paranormales, que han sido resueltos a través de las páginas de EL OJO CRITICO.

1993-2013 20 años de investigación crítica
En 1993 había mucha actividad en el mundillo paranormal español. El grupo Aztlan, y su contacto, Genom, vivían su mejor momento. El sacerdote Francois Brune nos acercaba al mas allá de la muerte, con la TCI, y el Houbble al más allá del espacio, con la primera foto de un agujero negro. Ese mismo año el cirujano psíquico Stephen Turoff era procesado por intrusismo profesional y fallecía el “hermano Pedro”, uno de los médiums más influyentes del espiritismo español. Pero también Marcelo Truzzi, Richard Broughton y Stanley Krippner participaban por primera vez, que no por ultima, en un congreso español de parapsicología científica, y los OVNIs llegaban al Parlamento Europeo, tras el congreso ufólogico de Italia y la redacción del “informe Regge”.   

También en 2013 y mientras el Dr. Jiménez del Oso dirigía la revista Espacio y Tiempo, precursora de la actual Enigmas, en televisión su vacío era llenado por Andrés Aberasturi (Antena 3) y Felix Gracia (Tele5) quienes se repartían la audiencia del misterio. Pero fué Gracia quien consiguió sentar en el mismo plató este año, por primera y última vez, a J.J. Benitez y a Vicente Juan Ballester Olmos frente a frente, gracias, todo hay que decirlo, a las hábiles gestiones de Javier Sierra.

Andreas Faber Kaiser, único investigador al que EOC ha dedicado un número monográfico, se debatía entre la vida y la muerte (su artículo en el número 56 de Mas Alla es histórico), y J.J. Benítez publicaba “Materia Reservada” y “Mis enigmas favoritos”, que llevaban su forma de ufología al gran público. Al mismo tiempo Nacho Cabria publicaba, con la fundación Anomalía “Entre Ufólogos, Creyentes y Contactados”, destinado a otro perfil de amantes de la ufología.

Y en medio de todo eso, surge una nueva publicación. Un humilde boletín hecho artesanalmente, que compartía espacio con otros muchos fánzines similares editados en la época: “El Colegio Invisible”, de Javier Sierra; “La última hora”, de Iker Jiménez y Lorenzo Fernandez; “Frontera Científica”, de Ricardo Campo y Jose Gregorio González, o “Desclasificado”, del LACIP, entre otros. Hoy todos ellos, menos EOC, desaparecidos.

El numero 0 de EOC se abría con un artículo titulado “Medios de comunicación y misterio”, que era toda una declaración de intenciones. Las reflexiones del editor cuajaron en algunos colegas de otros países, hasta el punto de que el primer artículo de EOC era reproducido incluso por publicaciones internacionales, ferozmente escépticas, como “La nave de los locos” (número 3, pag. 11). A partir de ese momento, con mucha frecuencia escépticos y pseudoescépticos han reproducido una y otra vez informaciones publicadas en EOC, aunque prefiriendo omitir ante sus colegas el origen de dichas informaciones.

Entre creyentes y charlatanes: el punto de equilibrio
En ese mismo número 0, y según sus detractores, EOC desenterraba también el “hacha de guerra” al no limitar las críticas a sectas, videntes o vividores del misterio por un lado, o a los negativistas, pseudoescépticos y charlatanes de la pseudociencia por el otro. Sino que se atrevía a cuestionar a algunos de los divulgadores más famosos y mediáticos del momento, como Antonio José Ales. En aquel número 0 EOC denunciaba, con pruebas irrefutables, el fraude de los supuestos “tornillos” de un OVNI estrellado en el Sahara divulgado por Ales. Aquella primera crítica a uno de los más famosos divulgadores españoles del misterio, ya en su primer número,  marcó EOC como una publicación políticamente incorrecta y totalmente independiente.

A partir de entonces, y durante varios años, los primeros trabajos de EOC eran obviados en los círculos paranormales españoles, mientras publicaciones francesas, italianas, británicas o americanas reproducían o comentaban algunos de aquellos primeros reportajes. Fue lo que ocurrió con “Un origen sexual del fraude UMMO”, publicado en portada del número 1, y que fue comentado por diferentes revistas especializadas como Lumieres dans la nuit (Francia) o Giornale dei misteri (Italia) entre otros.

No todo es falso
Pero EOC no es una publicación contra lo paranormal. En sus páginas encontramos extensos informes sobre casos como el de Mónica Nieto o el de Nina Kulagina, sobre los incidentes OVNI protagonizados por pilotos españoles, sobre sucesos anómalos, etc, que no han encontrado una explicación convencional hasta la fecha. Quizás por esa razón, a principios de la segunda década del siglo XXI, EOC fue la publicación escogida por fuentes cercanas a la desclasificación OVNI para recibir cientos de documentos militares no desclasificados sobre OVNIs que nunca antes habían sido publicados. Fue el auténtico Ufoleaks español.


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domingo, marzo 24, 2013

HAY OTROS MUNDOS... PERO ESTAN EN ESTE. Un libro imprescindible en la biblioteca de todo interesado en las anomalías

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Por primera vez en la historia, 40 investigadores y divulgadores, entre los que se encuentras abogados, preriodistas, geólogos, criminólogos, ingenieros de telecomunicaciones, astrofísicos, secretarios judiciales, arqueólogos, físicos, psicólogos, policías, médicos, historiadores, diplomáticos, etc., se han unido en un proyecto bibliográfico común, cuyos beneficios van integramente destinados a la ONG Médicos sin Fronteras.
Sectas destructivas, y sectas constructivas, pseudo-arqueologia y "misterios históricos", anomalías, fronteras de la ciencia, sociología de las creencias... son algunos de los temas afrontados por los autores de "Hay otros mundos... pero están en este". Un libro llamado a convertirse en un referente imprescindible en toda biblioteca.

PROLOGO

En 1930, tres años antes del ascenso de Hitler al poder, y dos antes de su exilio voluntario a EEUU, Albert Einstein, que ya era una institución cultural en Berlín tras la obtención del Premio Nobel de física en 1921, escribió un pequeño artículo titulado “Lo que yo creo”. En él afirmaba: "La cosa más bella que podemos experimentar es lo misterioso. Es la fuente de toda verdad y ciencia. Aquel para quien esa emoción es ajena, aquel que ya no puede maravillarse y extasiarse ante el miedo, vale tanto como un muerto: sus ojos están cerrados... Saber que lo impenetrable para nosotros existe realmente, manifestándose como la prudencia máxima y la belleza más radiante que nuestras torpes capacidades pueden comprender tan solo en sus formas más primitivas... este conocimiento, este sentimiento, se encuentran en el centro de la verdad religiosidad. En ese sentido, y sólo en ese sentido, pertenezco a las filas de los hombres religiosos devotos".

El párrafo, al menos las dos primeras frases, han sido citadas en miles de ocasiones por quienes intentan buscar en el genial físico alemán, un argumento en pro de sus propias creencias religiosas. Vano intento. Durante toda su vida Einstein expresó en innumerables ocasiones su desinterés, rozando a veces el desprecio, por toda forma de religión organizada. En la carta escrita por Einstein al filósofo Eric Gutkind, el 3 de enero de 1954, subastada a finales de 2012, lo deja bien claro: “La palabra Dios para mí no es más que la expresión y producto de las debilidades humanas, la Biblia, una colección de honorables pero aún primitivas leyendas que sin embargo son bastante infantiles. Ninguna interpretación, sin importar cuán sutil sea, puede (para mí) cambiar esto...”.

Einstein, a pesar de ser judío, no creía en el Dios del Talmud y la Toráh, ni en el de la Biblia o el Corán. El mismo lo dejó muy claro: “Creo en el Dios de Spinoza que es idéntico al orden matemático del Universo”. Y su reivindicación del misterio, como “la cosa más hermosa que podemos experimentar… fuente de toda verdad y ciencia”, nada tiene de genialidad. Al contrario, es una obviedad. Mucho antes que él, el otro gran referente de la física, Isaac Newton sentenció: “Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano”.

Nuestro conocimiento científico es exponencial. Cada año, cada decenio, cada siglo, sabemos mucho más que el anterior. El desarrollo tecnológico, las publicaciones especializadas, las bases de datos, cada año más numerosas, hacen que cada día los investigadores tengan más herramientas que sus predecesores, y nuestro conocimiento del universo y de la mente aumente exponencialmente. Nunca antes en la historia de la humanidad, habíamos estado tan cerca del conocimiento. Pero al mismo tiempo, paradogicamente, muchas de las cosas que hoy consideramos reales, serán refutadas por nuestros hijos y nietos. Como nosotros refutamos las creencias de nuestros padres y abuelos.

Hubo un tiempo en que la esfericidad de la tierra, la existencia de meteoritos, la evolución de las especies, la aplicación de la electricidad, la división del átomo, o la relatividad especial, se consideraron supersticiones pseudocientíficas. El dogma consensuado de la época, comprensible por el contexto cultural, científico y social del momento, satanizaban a quienes, como Newton, o Einstein, abogaban por ir más allá de lo conocido. Por indagar al otro lado de las fronteras del misterio. Y es que, y por ello la cita de Einstein es una obviedad, nuestro saber científico, social, o cultural, solo puede avanzar cuando intrépidos aventureros se atreven a ir más allá de lo conocido. Lo que suele implicar el enfrentamiento con la ortodoxia, y la burla, la incomprensión, y el desprecio de los defensores del dogma de la época. Ya lo sentenció el controvertido escéptico, y después converso, Giovanni Papinni: “Hasta las ciencias más adelantadas están saturadas de misterios y de preguntas sin respuesta”.
Investigar lo desconocido
Siempre han existido pensadores inconformistas. Aventureros intrépidos. Curiosos inquietos y rebeldes, que no se han contentado con las respuestas convencionales, que les han tocado en suerte en su época y en su contexto cultural. Por mucho que irrite a sus biógrafos más políticamente correctos, Isaac Newton escribió más de un millón de palabras sobre astrología, alquimia y esoterismo, mientras revolucionaba nuestro conocimiento de la física y las matemáticas, para siempre.

Este libro está escrito por un selecto grupo de esos pensadores inconformistas, curiosos inquietos, y aventureros intrépidos, dispuestos a jugarse su tiempo y su dinero, por descubrir que se esconde más allá de los límites de lo conocido. Hombres y mujeres que, errados o no, intuyen que nuestro conocimiento del hombre y del universo todavía encierra demasiados interrogantes sin solución. ¿Existe vida inteligente en otros sistemas solares? Si es así, ¿es posible el contacto? ¿Acaso ya se ha producido? ¿Existe vida después de la muerte? ¿Posee el cerebro humano más de cinco sentidos?

Intentar responder a esas preguntas, careciendo de más recursos, laboratorios, fondos e instrumental -salvo algunas excepciones- que el entusiasmo, la lucidez y el empeño del investigador, resulta tan utópico como pretender descifrar el orden del universo, observando la caída de una manzana. De hecho es probable que nuestra generación no llegue a encontrar un respuesta irrefutable a ninguna de esas preguntas pero, ¡caray!, es tan estimulante intentarlo. Quizás no lleguemos nunca al final de este camino, pero aprenderemos tanto mientras lo recorremos…

Lo maravilloso de este utópico empeño, investigar lo desconocido, es que exige vocación interdisciplinar. El estudio de las anomalías, por definición, obliga al investigador a familiarizarse con la física, química, sociología, arqueología, astronomía, biología, acústica, aeronaútica, astronaútica, exobiología, meteorología, etc. ¿Puede existir una forma mayor de enriquecimiento intelectual? De hecho es probable que pocos campos de estudio fomenten tanto la concepción renacentista del conocimiento, como el estudio de las anomalías.

Ahora, entre tus manos, tienes el fruto del esfuerzo generoso y desinteresado de casi cuatro docenas de hombres y mujeres, que han dedicado su tiempo, esfuerzo y dinero en investigar diferentes anomalías de la ciencia. Y lo han hecho desde sus diferentes especialidades profesionales (sociólogos, astrofísicos, psicólogos, geólogos, teólogos, lingüistas, médicos, criminólogos, historiadores, juristas, periodistas, etc).
Misterios solidarios
Con frecuencia el estudio de las anomalías, los misterios del universo, la mente y la muerte, son utilizados con fines pseudo-religiosos. Cultos, credos y sectas de todo tipo, intentan argumentar sus dogmas de fe, con interpretaciones pseudo-religiosas de esos fenómenos anómalos. Sin embargo, quienes no creen en más espiritualidad que la social, reniegan de todo dogma estricto y ven en la solidaridad la expresión de esa mística humanista. El mismo Einstein lo definió así: "El comportamiento ético de un hombre debe basarse en la solidaridad, educación, y reglas sociales; ninguna base religiosa es necesaria. Sin embargo, el hombre estaría en un lugar pobre, si tuviese que estar restringido al miedo al castigo y a la esperanza de una recompensa después de la muerte".
Esta es la maravillosa paradoja. En estas páginas no encontrarás homilías, discursos ni propaganda pseudo-mística. No busques argumentos emocionales a prejuicios religiosos. Ni las firmas de gurús, guías o profetas espirituales. Normalmente quienes presumen, carecen.

Por el contrario, los autores de estos textos son, en gran parte, agnósticos, incluso ateos. La mayoría profundos escépticos, en el real sentido etimológico del término. Buscadores que dudan de las respuestas, y por ello continúan investigando. Y a diferencia de la mayoría de esos gurús, guías y profetas, no recibirán otra gratificación, por el esfuerzo, tiempo y dedicación que implican sus aportaciones a este libro, que la satisfacción de saberse parte de un proyecto común. Tal vez las páginas de esta obra no resuelvan todos los misterios que nos rodean, aunque te aseguramos que en muchos casos nos acercarán mucho más a la verdad de algunos de ellos. Pero en el peor de los casos contribuirán a que otras personas, menos favorecidas que nosotros, reciban una ayuda más necesaria que nunca. Y como decía Einstein, sin “miedo al castigo” ni por “la esperanza de una recompensa después de la muerte". Quienes se dicen religiosos, místicos y espirituales, y algunos grandes divulgadores demasiado ocupados para utopías sociales, deberían tomar ejemplo.

Esta iniciativa, encabezada por David Cuevas y Carlos Fernández, sigue una forma de entender el misterio, que se inició en 1992, en el norte. Cuando un grupo de investigadores, inconformistas, decidieron que los discursos pseudo-espirituales que suelen aderezar los eventos paranormales, eran pura hipocresía si no se concretaban en una realidad social. Aquel primer congreso benéfico sobre fenómenos anómalos, celebrado en 1992 reunió, como este libro, a algunos de los nombres más relevantes del momento en el campo de las anomalías. Benítez, Argumosa, Blanco, Carrión, Sixto Paz… Todos aportaron al evento sus conocimientos, sin recibir ninguna gratificación económica a cambio. Algunos, como Benítez, incluso corrieron con los gastos de alojamiento y desplazamiento, para abaratar las costas a la organización. Todos donaron desinteresadamente su participación al primer congreso 100% benéfico sobre misterios. Todos salvo uno. Sixto Paz, el místico representante del movimiento contactista New Age fue el único que amortizó económicamente su participación. Paradojas de la espiritualidad.

Por fortuna aquel primer guante no cayó en el olvido, y fue recogido por otros investigadores y divulgadores, que creen en esa forma de espiritualidad social, y que tomaron el relevo. Otros eventos solidarios sobre anomalías se han celebrado desde entonces. Y personajes como David Ortega, Rafael Campillo, David Cuevas o Carlos Fernández, se ocuparon de mantener viva la llama de esa manera de entender el misterio, durante los últimos veinte años.

Más tarde algunas editoriales, como Corona Borealis o Minotauro, trasladaron la idea al mundo de los libros. Reuniendo en volúmenes relacionados con el misterio, a firmas de prestigio, que renunciaban –como en este libro- a todo derecho de autor, destinando los beneficios a organizaciones humanitarias como Médicos sin Fronteras o la Fundación Vicente Ferrer. Pero, sin ninguna duda, si alguna editorial ha ejemplarizado esta forma de entender la espiritualidad y el estudio de las anomalías, es Ediciones Cydonia. Este libro solo es el último ejemplo.
Mientras videntes, contactados, místicos, gurúes e iluminados llenan sus discursos mesiánicos y apocalípticos, sus cursos y meditaciones colectivas, sus “avistamientos previa cita” y sus retiros espirituales, de mensajes de paz y amor, un grupo de investigadores, más críticos que visionarios, hacen realidad esos mensajes. Willian Booth, el fundador del Ejército de Salvación dijo: “un estómago vacío no puede pensar en Dios”… ni en extraterrestres. Y aunque otro mundo es posible, nadie va a construirlo por nosotros. Ni espíritus, ni extraterrestres, ni hermandades blancas, ni ángeles, ni Dios… Carlos Fernandez, y ediciones Cydonia lo comprendieron hace años, haciendo compatible la investigación más crítica y rigurosa de los fenómenos anómalos, con esa forma social de entender la espiritualidad. No hay otra.
Comienzas ahora un viaje fascinante, revelador y en ocasiones profundamente desmitificador, a través de los fenómenos más extraños, insólitos e inexplicados del misterio. Fenómenos aéreos no identificados, sucesos paranormales, cultos extraños, conspiraciones, anomalías históricas, fraudes pseudo-científicos… Un viaje a otros mundos, que como sentenció el poeta francés Eugène Grindel (Paul Eluard), están en este.

Manuel Carballal
Puedes comprar on line tu ejemplar, sin gastos de envio, en: http://www.edicionescydonia.com/hayotrosmundos/hayotrosmundos.html

Sumario, portada y primeras páginas: http://www.edicionescydonia.com/hayotrosmundos/hayotrosmundos.pdf

"Hay otros mundos... pero están en este"
Ediciones Cidonya.

Autores:
J.J. Benítez, Miguel Blanco, Jacques Vallée, Bruno Cardeñosa, Jesús Callejo, Manuel Carballal, Carlos Canales, Lorenzo Fernández, Fernando Rueda, Miguel Pedrero, Chris Aubeck, Francisco Contreras, Juan Ignacio Cuesta, Marcelino Requejo, José Miguel Parra, Juan Antonio Belmonte, José Antonio Caravaca, Víctor Martínez, Miguel Ángel Ruiz, Lourdes Gómez Martín, David Benito, Antonio Luís Moyano, Vicente París, Diego Cortijo, Carlos G. Fernández, Moisés Garrido, Yvan Figueiras, Beatriz Erlanz, David y Germán Tenorio, José Juan Montejo, Mikel Navarro, Óscar Iborra, Manuel Berrocal, Jaume Esteve, José Luís Ortiz, José Miguel Pérez Navarro, Anabela Cardoso, Juan José Sánchez-Oro y David Cuevas.
Coordinación: David Cuevas