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Manuel Carballal y Lorenzo Fernández CRONICAS DEL MISTERIO 31: Buscando la invisibilidad
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sábado, abril 27, 2013
CARLOS CASTANEDA: El ocaso del Nahual
(Publicado en EOC nº 62)
Antropólogo
intrépido, pícaro fabulador, brujo, invento editorial… Mientras algunos
“escépticos” aún dudan de su existencia, el nombre de Carlos Castaneda se ha
hecho un eco para siempre en la historia de la literatura y el pensamiento
mágico. Autor de algunos de los libros
más vendidos en los años setenta y ochenta, creador de toda una corriente de
pensamiento, inspirador de peliculas y documentales, portada de la revista
Time… Carlos Castaneda es un mito. Pero también fue un personaje real a quien
Carlos Fernández pudo conocer y tratar… viviendo la experiencia con cierto
desencanto. El desencanto de conocer al
hombre tras el mito. Ahora lo cuenta su experiencia en exclusiva para El
Ojo Crítico.
Conocí a Carlos
Castaneda en el año 1995, durante una charla que brindo a sus seguidores de
habla hispana en cierto local masónico en una calle de los de Los Ángeles. Expectante al estar
tan próximo de el, pensaba en si tendría aquel porte de brujo con aspecto
intemporal, eternamente joven del que tanto le habían caracterizado mis
compañeras de viaje.
Tal y como me había
descrito un año atrás Concha Labarta, mi anfitriona en el "Nuevo
Mundo", nos encontramos con un hombre achaparrado, de hombros anchos, piel
cetrina, pelo cano y ligeramente ondulado. Su mirada era jovial, penetrante y
siempre estaba sonriendo. Sus ademanes eran vivos propios de una persona
inquieta, aparentemente nerviosa, caminando de un lado para otro en medio del
pequeño ruedo que apenas le dejábamos, rodeándole, mientras le contemplábamos
sin sacarle el ojo, llenos de curiosidad.
Todos sus modos
y gestos se me antojaban más propios a los de un actor que a los del sobrio
brujo con el que siempre había fantaseado. Curiosa ironía esta por haberle
encontrado por primera vez en un escenario en el que toda la magia que se puede
ver es la propia del celuloide. Tan pronto irrumpió en escena como una
estrella, caminando vivaz entre el público, saludo a todos entre entusiastas
aplausos con su ya clásica "coletilla": "Hola, soy Carlos
Castaneda". En este momento justo
se le cayeron al suelo las llaves que llevaba en su bolsillo.
Aprovechando este incidente y mirándolas con cara de sorpresa, primero hizo un ademán
de agacharse para recogerlas, al parecer frustrado (tal vez por su supuesta
enfermedad?), por lo que luego aprovecho para hacer una de sus acostumbradas
bromas al respecto y con voz irónica exclamo: "bueno, ahí se
quedan...". Después de lo cual prosiguió su presentación comenzando a
hablar del mundo "eternamente joven" de los guerreros del infinito.
Yo, perdido en
mis cavilaciones, seguía "erre que erre" a mí manera con lo
intemporal y pensaba: este hombre desprecia y se mofa de los gordos maestros de
Qi Gong y le gusta hacer gala de su porte juvenil. No solo aparenta ni mas ni
menos que la edad que supuestamente en el mejor de los casos se le supone sino
que, sin duda envidiaría el ver como muchos de esos obesos taoistas dejan a la
altura del betún tan prodigado rejuvenecimiento: sus cabriolas y ademanes fruto
de la practica férrea y no del etéreo "intento" plasman con
proverbial maestría tal habilidad. Vea si usted gusta el video de mi quería
maestra de Kung Fu en mi blog.....
Apenas llevábamos
unos pocos días asistiendo a los seminarios que la organización Cleargeen impartía
en las instalaciones de la Universidad de UCLA en un estadio de Baloncesto.
Diariamente acudíamos allí unas setecientas personas provenientes de todo el
mundo. Yo había acudido con un pequeño grupo de España liderado por la
malograda Concha Labarta: una compañera de fatigas, fotógrafa si mal no
recuerdo, una pareja de psiquiatras, una chica mexicana, mi buen amigo
“Miguelito” y una, al parecer, expareja preveniente de Canarias (Juan
Morales?).
Tome contacto
con Concha por primera vez un año antes gracias a la mediación de mi amigo
Manuel Caballal. Al poco tiempo, para mi sorpresa ella acompañada de una amiga,
tuvieron la amabilidad de venir a
Galicia durantes unos días a impartirme un seminario de introducción a una
disciplina que, como profesor del Tai Chi y Qi Gong me fascinaba: la Tensegridad. Los tres
trabamos buena amistad y finalmente acordaron pagarme el billete a Madrid cada
mes para hacer seminarios de Kung-Fu y Tai Chi, a la vez que proseguía mi formación
en el otro “camino del guerrero”.
Fue un año lleno
de inquietudes y búsquedas espirituales que de por si, independientemente de lo que viniera después,
valieron la pena. Nunca olvidare las charlas interminables que sostenía con
Concha y con Miguelito. Con dos visiones muy encontradas uno despejaba con
admirable agudeza mis numerosas dudas del, para mi, recién hoyado Mundo. Por
otra parte ella, en enconadas discusiones y desencuentros siempre me recordaba
aquello que con nostalgia aun conservo en mi recuerdo: el Universo de los
Brujos no es un mundo de explicaciones sino de misterios y de paradojas. Este
ambiente de crispación prosiguió en nuestro viaje tornando este en algo mas
convencional de lo que esperaba, lleno de intrigas discusiones y tiranteces de
las que siempre me veía en medio.
Me fui sin
dudarlo con ellos a la que parecía ser la primera gran manifestación publica de
las enseñanzas de Don Carlos, supongo que, como muchos, preñado de ilusiones
por ver de cerca a este enigmático personaje.
Por las mañanas
practicábamos en el estadio la tensegridad
en sesiones multitudinarias dirigidas por los llamados “jóvenes aprendices” de
brujos. “Lo que cambio la cosa”, pensaba para mis adentros, aquello se parecía
mas a los grandes stages de Fitness a los que estaba acostumbrado que a una reunión
de brujos. Donde estaba aquel ambiente desértico donde el nagual le habría
aleccionado en esos pases de los que nunca antes había hablado en sus libros? Parecía
haber llegado la hora del “brujo urbanitas”. Acaso los caminos del Águila eran
tan inescrutables como los del Señor? Nada parecía tener el menor paralelismo
con un mundo de fantasías, paradójicamente extraído de unos libros de los que constantemente
citaba entre llantos, aquellas melancólicas genialidades del legendario Don
Juan.
Los pases mágicos
pese a que ya conocía muchos de ellos, siempre se me antojaban toscos y un
tanto teatrales cuando no ingenuos. Cualquier maestro de Qi Gong sabe que sus
ejercicios tienen mucha mas “miga” que aquellos ademanes del intento,
claramente inspirados en nuestras disciplinas, así como en otros mas propios de
los bailes populares... pero siempre quedaba el misterio fácil: al parecer no
es la complejidad o lo especial del gesto sino el intento dejado en ellos por
los brujos. Puestos así uno se callaba y seguía adelante en denodado intento
por sentir como brotaba ese ímpetu energético
que al parecer dejaba a los hormigueos del qi en meras bagatelas. Después nos
hablaba jocoso entre carcajadas de los asistentes como su maestro de Qo Gong se
había caído por las escaleras, ridiculizaciones del water de su profesor de
facultad un tal Gardfinkel y como Alan
Wats le había hecho propuestas deshonestas. To eso debidamente amenizado por
frecuentes excavaciones escatológicas sobre el tamaño del miembro de Don Juan y
otras inmundicias sublimadas por la segunda atención. Yo no veía en eso más que
segundas intenciones por supuesto.
Cuando caía la
tarde acudíamos elegantemente trajeados (así lo ordenaba el protocolo), en un
ambiente de formalidad que poco pegaba con ese look tan escatológico, histriónico
e informal que tanto les caracterizaba. Escuchábamos charlas del nagual y de
las brujas que eran traducidas simultáneamente
por la que, según me dijeron era Zoraida, el “explorador Naranja” (la
“hija energética” del Nagual?)... genes o no en común les aseguro que pese a
parecerme todo una farsa no lo hacían mal: cuando el Nagual rompía a llorar,
ella al mismo tiempo hacia lo mismo sin dejar de traducir sus palabras como su
llanto. Que buenos actores, me decía: es este el teatro de lo real del que
hablan en su Arte del Acecho?.
Ni que decirles
tiene que ese mundo urbano del brujo estaba más que asesorado no solo por el
teatro sino por el Marketing. En cada sesión nos esperaban con toda una hilera
de tenderetes en los que las mismas delegadas que nos vendían toda suerte de artículos
de brujería: los libros por supuesto (aquellos de los que luego mas tarde nos decía
imperativamente: quemadlos?), objetos de poder, y muchos que ya no recuerdo
pero los que mas me impactaron fueron aquellas camisetas que decían con letras
chillonas “Killers of self importance”. Eso me dejo atónito: creía que esa exclamación
era algo más silencioso, algo más sutil que una consigna revolucionaria al más
estilo Hippie. Pero, después de todo, llegados hasta aquí, gastado el
presupuesto de mis vacaciones, casi peleado con mi pareja, decidí seguir
adelante y dejar de lado mis “prejuicios”. Después de todo como me decían: el
camino del brujo es como firmar un cheque en blanco. Así que puestos a hacer
teatro me dije: adelante con la copla, viva la disonancia cognitiva.
Una de esas tardes se presento Taisha Abelar y
nos impartió una de esas doctas conferencias de lo irreal, relatándonos como
viajaba en avión acompañada de un ser inorgánico. Este era algo parecido a una
especie de morsa voladora que por supuesto se desplazaba al lado del avión,
volando como Suerman, como un perrito faldero encariñado con su dueña. Después
de leídos los libros esto entraba mas o menos crédulamente en nuestra ya de por
si dilatada fantasía, pero lo mejor llego cuando nos dijo que por la tarde lo traería
allí y nos dejaría verlo. Que expectación hubo en la sala: todo era un mar de
murmullos al respecto. Ni que decir tiene que, como ya supondrán, por la tarde
llego el turno del nagual que tornando en severo tono su histriónica versión al
respecto, dijo tajantemente que le había prohibido tan atrevida función. Tal
vez temía nuestro gurú de lo insólito otro mar de pánico a lo Orson Welles? Acabaría
su mascota, casi extraterrestre, en las salas de disección de la Nasa?
Pudimos ven también a la explosiva rubia
Florinda Donner: tanta dinamita energética fue como un soplo de entusiasmo para aquellos que preferían
su estilo más ambiguo que juvenil. De ella no recuerdo nada especialmente
destacable como tampoco de su otra supuesta hija, el explorador Azul, todas
ellas uniformadas con su peculiar moda de hechiceros modernos (como alguna de
mis amigas) con los hábitos del pelo corto, teñido a veces en mechas blancas y
ropas “de batalla”. Taisha con su feminidad parecía contrastar de ese look.
Si esto les puede parecer sospechoso, le diré
que el día de mi decepción mayor llego cuando soltaron otra de sus bombas
cognitivas: esa noche íbamos a Ver (todos) la energía: ya no era necesario
pasar todos los cangeles del viejo nagual en las tétricas cuevas de los brujos
para esa hazaña: allí estaba el nagual dispuesto a apuntarnos con su meñique y
de un plumazo darnos la E-Videncia de su mundo. Hicieron salir al estrado
a un grupo de unas diez personas a las
que dispusieron en fila. Imagínense un número de hipnotismo de cualquier
magazine de la TV: tal cual estamos acostumbrados a ver hacían una señal con
los dedos entre los ojos del paciente y este caía en brazos de una persona que
le recogía por detrás y le depositaba en el suelo. Seguidamente nos hicieron
cerrar los ojos a todos y sin muchas mas explicaciones así nos dejaron...
Pasaron los segundos, los minutos, bien largamente estimo que ella media hora y
NADA, esa cortina de negro azabache de vez en cuando destilaba formas vagas, mas
fruto del deseo, contrariado por no topar el
menor resplandor. así, poco a poco, mientras escuchaba sonidos de como
la gente se iba levantando cansada de esperar en vano, algunos atrevidos
abrimos los ojos (bueno los parpados mas bien) y pudimos constatar como la
mitad de los espectadores ya se habían ido. En cuando a los brujos ya no
quedaba ni uno en el palco. La función había terminado pero sus durmientes
voluntarios yacían allí todavía: quien sabe si soñando o ensoñando. Nadie parecía
dar la menor muestra de desencanto sino más bien de desconcierto. Después de
todo llegados tan lejos, lo primero aun nos daba opciones de algo más, mientras
que lo segundo nos relegaba a la más amarga de las conclusiones: abrir los ojos
y no solo los parpados después de tan ilusionista espectáculo.
Una chica de New York al día siguiente me
decía, alucinada, haber visto como ellos repartían bolas de luces para todos
los presentes. Sus ojos exaltados parecían más invadidos por el fanatismo que
por la energía. Para mi fuero interno cada vez estaba mas claro que aquello era
la perfecta imagen, la experiencia de mi vida en cuanto a ver desde dentro como
funciona una secta. Destructiva o no tenia todos lo elementos en la mesa y yo había
a su vez puesto toda la carne en el asador.
Pero aun quedaba mas: entre bailes y guiños
al Infinito (hasta coincidimos con un torneo de tenis llamado Infinity) otros gurús
(esta vez mas familiares para mi) hacían su aparición. Después de todo no hay
mejor publicidad que la dedicatoria de unos libros tan vendidos. De todos sus
lectores es sabido que Don Carlos dedicaba uno de ellos al maestro de Kung-Fu
Howard Lee, también residente en Los Ángeles. El, prestamente, aprovecho esta
presencia multitudinaria en la ciudad para transmitir también su otra luz. A
sus sesiones curativas acudieron muchos
de los asistentes. Del resultado (tan anegado estaba yo de la otra) que apenas
tuve tiempo a reaccionar, poco pude saber. Este maestro fue entrevistado años después
en Redes por Eduardo Punset. Le juro a ustedes que tiempo después encontré a
este presentador en el aeropuerto de santiago y a punto estuve de sugerirle que
invitase a esa persona a su programa,
pero por mi timidez del momento, desistí. Tal fue mi sorpresa que algún tiempo después
salio la citada entrevista. Serian las brujas de allá o las meigas de acá?
Quien sabe. El viaje en si no fue para nada mágico, pero si he de reconocer que
hubo cosas en torno a el (antes y después) que tal vez si lo fuesen. Tal vez,
no lo se.
En una ocasión todos pudimos ver como un espontáneo
que se coló en las instalaciones para hacer una foto, apenas llego a la grada cuando un fornido policía se le echo
encima y dio al traste con su valiosa foto del nagual.
El penúltimo día se organizo una gran fiesta de despedida en
la Tensegridad: tocaba esta vez practicar los pases de bailes latinos de Silvio
Manuel, el bailarín en los que supuestamente habría dejado impreso a golpe de
zapato el intento mágico (esta vez flexible)de los brujos. Todo eso de bailarle
salsa al infinito se me antojo el colmo del acecho y decidí rendirme a la
evidencia y optar por un buen paseo por el campus de UCLA, en el campo de
futbol sentado en la hierba y mirando para una ardilla que hizo aparición por
allí me dije: será esto otra señal para que recapacite y vuelva al ruedo/nido? O
será si una como tantos miles de otras
que han pasado en mi vida, por mis ojos y no he sabido apreciar? Necesito estar
ahí dentro aborregándome para contemplar el misterio? O está ahí fuera en cada
pequeño fenómeno que por cotidiano y corriente despreciamos en aras de una energía
que se antoja predadora, manipuladora y arrojadiza?
Para los adoradores del Nagual tengo que
decir que no todo son agrias palabras desde un ojo crítico, sino también dignas
alabanzas de oído fino de muchas cosas
que (meritos suyos o plagios de otros saberes más dignos de crédito) nos deja
ese legado, novelesco o no del linaje de los brujos.
Desde los luceros ella tal vez nos mire
ahora y nos guíe. He estando estos años esperando para escribir este artículo.
Solo el recuerdo de ella me ha animado a hacerlo. Después de todo por conocerla
valió la pena. Desde aquí te brindo al modo que, amiga mía, te hubiera gustado más:
hasta pronto, estés donde estés.
Carlos Fernández*
*Profesor de artes marciales
martes, abril 23, 2013
Manuel Carballal y Lorenzo Fernández CRONICAS DEL MISTERIO 30: Cuando la mente controla la materia
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martes, abril 02, 2013
martes, marzo 26, 2013
EL OJO CRITICO cumple 20 años de vida
1993-2013 20
años de investigación crítica
En 1993
había mucha actividad en el mundillo paranormal español. El grupo Aztlan, y su
contacto, Genom, vivían su mejor momento. El sacerdote Francois Brune nos
acercaba al mas allá de la muerte, con la TCI, y el Houbble al más allá del
espacio, con la primera foto de un agujero negro. Ese mismo año el cirujano
psíquico Stephen Turoff era procesado por intrusismo profesional y fallecía el
“hermano Pedro”, uno de los médiums más influyentes del espiritismo español.
Pero también Marcelo Truzzi, Richard Broughton y Stanley Krippner participaban
por primera vez, que no por ultima, en un congreso español de parapsicología
científica, y los OVNIs llegaban al Parlamento Europeo, tras el congreso
ufólogico de Italia y la redacción del “informe Regge”.
También en 2013 y mientras el Dr. Jiménez del
Oso dirigía la revista Espacio y Tiempo, precursora de la actual Enigmas, en
televisión su vacío era llenado por Andrés Aberasturi (Antena 3) y Felix Gracia
(Tele5) quienes se repartían la audiencia del misterio. Pero fué Gracia quien
consiguió sentar en el mismo plató este año, por primera y última vez, a J.J.
Benitez y a Vicente Juan Ballester Olmos frente a frente, gracias, todo hay que
decirlo, a las hábiles gestiones de Javier Sierra.Andreas Faber Kaiser, único investigador al que EOC ha dedicado un número monográfico, se debatía entre la vida y la muerte (su artículo en el número 56 de Mas Alla es histórico), y J.J. Benítez publicaba “Materia Reservada” y “Mis enigmas favoritos”, que llevaban su forma de ufología al gran público. Al mismo tiempo Nacho Cabria publicaba, con la fundación Anomalía “Entre Ufólogos, Creyentes y Contactados”, destinado a otro perfil de amantes de la ufología.
Y en medio de todo eso, surge una nueva publicación. Un humilde boletín hecho artesanalmente, que compartía espacio con otros muchos fánzines similares editados en la época: “El Colegio Invisible”, de Javier Sierra; “La última hora”, de Iker Jiménez y Lorenzo Fernandez; “Frontera Científica”, de Ricardo Campo y Jose Gregorio González, o “Desclasificado”, del LACIP, entre otros. Hoy todos ellos, menos EOC, desaparecidos.
El numero 0 de EOC se abría con un artículo titulado “Medios de comunicación y misterio”, que era toda una declaración de intenciones. Las reflexiones del editor cuajaron en algunos colegas de otros países, hasta el punto de que el primer artículo de EOC era reproducido incluso por publicaciones internacionales, ferozmente escépticas, como “La nave de los locos” (número 3, pag. 11). A partir de ese momento, con mucha frecuencia escépticos y pseudoescépticos han reproducido una y otra vez informaciones publicadas en EOC, aunque prefiriendo omitir ante sus colegas el origen de dichas informaciones.
Entre
creyentes y charlatanes: el punto de equilibrio
En ese mismo
número 0, y según sus detractores, EOC desenterraba también el “hacha de
guerra” al no limitar las críticas a sectas, videntes o vividores del misterio
por un lado, o a los negativistas, pseudoescépticos y charlatanes de la
pseudociencia por el otro. Sino que se atrevía a cuestionar a algunos de los
divulgadores más famosos y mediáticos del momento, como Antonio José Ales. En
aquel número 0 EOC denunciaba, con pruebas irrefutables, el fraude de los
supuestos “tornillos” de un OVNI estrellado en el Sahara divulgado por Ales. Aquella
primera crítica a uno de los más famosos divulgadores españoles del misterio,
ya en su primer número, marcó EOC como
una publicación políticamente incorrecta y totalmente independiente.
A partir de
entonces, y durante varios años, los primeros trabajos de EOC eran obviados en
los círculos paranormales españoles, mientras publicaciones francesas,
italianas, británicas o americanas reproducían o comentaban algunos de aquellos
primeros reportajes. Fue lo que ocurrió con “Un origen sexual del fraude UMMO”,
publicado en portada del número 1, y que fue comentado por diferentes revistas
especializadas como Lumieres dans la nuit (Francia) o Giornale dei misteri
(Italia) entre otros.
No todo es
falso
Pero EOC no
es una publicación contra lo paranormal. En sus páginas encontramos extensos
informes sobre casos como el de Mónica Nieto o el de Nina Kulagina, sobre los
incidentes OVNI protagonizados por pilotos españoles, sobre sucesos anómalos,
etc, que no han encontrado una explicación convencional hasta la fecha. Quizás
por esa razón, a principios de la segunda década del siglo XXI, EOC fue la
publicación escogida por fuentes cercanas a la desclasificación OVNI para
recibir cientos de documentos militares no desclasificados sobre OVNIs que
nunca antes habían sido publicados. Fue el auténtico Ufoleaks español.
EL OJO CRITICO es una revista gratuita que puede descargarse trimestralmente desde www.ojo-critico.blogspot.com y desde las mejores web sobre anomalías.
Cuña EL OJO CRITICO:
domingo, marzo 24, 2013
HAY OTROS MUNDOS... PERO ESTAN EN ESTE. Un libro imprescindible en la biblioteca de todo interesado en las anomalías
Por primera vez en la historia, 40 investigadores y divulgadores, entre los que se encuentras abogados, preriodistas, geólogos, criminólogos, ingenieros de telecomunicaciones, astrofísicos, secretarios judiciales, arqueólogos, físicos, psicólogos, policías, médicos, historiadores, diplomáticos, etc., se han unido en un proyecto bibliográfico común, cuyos beneficios van integramente destinados a la ONG Médicos sin Fronteras.
Sectas destructivas, y sectas constructivas, pseudo-arqueologia y "misterios históricos", anomalías, fronteras de la ciencia, sociología de las creencias... son algunos de los temas afrontados por los autores de "Hay otros mundos... pero están en este". Un libro llamado a convertirse en un referente imprescindible en toda biblioteca.
PROLOGO
En 1930, tres años antes del ascenso de Hitler al poder, y dos antes de su exilio voluntario a EEUU, Albert Einstein, que ya era una institución cultural en Berlín tras la obtención del Premio Nobel de física en 1921, escribió un pequeño artículo titulado “Lo que yo creo”. En él afirmaba: "La cosa más bella que podemos experimentar es lo misterioso. Es la fuente de toda verdad y ciencia. Aquel para quien esa emoción es ajena, aquel que ya no puede maravillarse y extasiarse ante el miedo, vale tanto como un muerto: sus ojos están cerrados... Saber que lo impenetrable para nosotros existe realmente, manifestándose como la prudencia máxima y la belleza más radiante que nuestras torpes capacidades pueden comprender tan solo en sus formas más primitivas... este conocimiento, este sentimiento, se encuentran en el centro de la verdad religiosidad. En ese sentido, y sólo en ese sentido, pertenezco a las filas de los hombres religiosos devotos".
El párrafo, al menos las dos primeras frases, han sido citadas en miles de ocasiones por quienes intentan buscar en el genial físico alemán, un argumento en pro de sus propias creencias religiosas. Vano intento. Durante toda su vida Einstein expresó en innumerables ocasiones su desinterés, rozando a veces el desprecio, por toda forma de religión organizada. En la carta escrita por Einstein al filósofo Eric Gutkind, el 3 de enero de 1954, subastada a finales de 2012, lo deja bien claro: “La palabra Dios para mí no es más que la expresión y producto de las debilidades humanas, la Biblia, una colección de honorables pero aún primitivas leyendas que sin embargo son bastante infantiles. Ninguna interpretación, sin importar cuán sutil sea, puede (para mí) cambiar esto...”.
Einstein, a pesar de ser judío, no creía en el Dios del Talmud y la Toráh, ni en el de la Biblia o el Corán. El mismo lo dejó muy claro: “Creo en el Dios de Spinoza que es idéntico al orden matemático del Universo”. Y su reivindicación del misterio, como “la cosa más hermosa que podemos experimentar… fuente de toda verdad y ciencia”, nada tiene de genialidad. Al contrario, es una obviedad. Mucho antes que él, el otro gran referente de la física, Isaac Newton sentenció: “Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano”.
Nuestro conocimiento científico es exponencial. Cada año, cada decenio, cada siglo, sabemos mucho más que el anterior. El desarrollo tecnológico, las publicaciones especializadas, las bases de datos, cada año más numerosas, hacen que cada día los investigadores tengan más herramientas que sus predecesores, y nuestro conocimiento del universo y de la mente aumente exponencialmente. Nunca antes en la historia de la humanidad, habíamos estado tan cerca del conocimiento. Pero al mismo tiempo, paradogicamente, muchas de las cosas que hoy consideramos reales, serán refutadas por nuestros hijos y nietos. Como nosotros refutamos las creencias de nuestros padres y abuelos.
Hubo un tiempo en que la esfericidad de la tierra, la existencia de meteoritos, la evolución de las especies, la aplicación de la electricidad, la división del átomo, o la relatividad especial, se consideraron supersticiones pseudocientíficas. El dogma consensuado de la época, comprensible por el contexto cultural, científico y social del momento, satanizaban a quienes, como Newton, o Einstein, abogaban por ir más allá de lo conocido. Por indagar al otro lado de las fronteras del misterio. Y es que, y por ello la cita de Einstein es una obviedad, nuestro saber científico, social, o cultural, solo puede avanzar cuando intrépidos aventureros se atreven a ir más allá de lo conocido. Lo que suele implicar el enfrentamiento con la ortodoxia, y la burla, la incomprensión, y el desprecio de los defensores del dogma de la época. Ya lo sentenció el controvertido escéptico, y después converso, Giovanni Papinni: “Hasta las ciencias más adelantadas están saturadas de misterios y de preguntas sin respuesta”.
Investigar lo desconocido
Siempre han existido pensadores inconformistas. Aventureros intrépidos. Curiosos inquietos y rebeldes, que no se han contentado con las respuestas convencionales, que les han tocado en suerte en su época y en su contexto cultural. Por mucho que irrite a sus biógrafos más políticamente correctos, Isaac Newton escribió más de un millón de palabras sobre astrología, alquimia y esoterismo, mientras revolucionaba nuestro conocimiento de la física y las matemáticas, para siempre.
Este libro está escrito por un selecto grupo de esos pensadores inconformistas, curiosos inquietos, y aventureros intrépidos, dispuestos a jugarse su tiempo y su dinero, por descubrir que se esconde más allá de los límites de lo conocido. Hombres y mujeres que, errados o no, intuyen que nuestro conocimiento del hombre y del universo todavía encierra demasiados interrogantes sin solución. ¿Existe vida inteligente en otros sistemas solares? Si es así, ¿es posible el contacto? ¿Acaso ya se ha producido? ¿Existe vida después de la muerte? ¿Posee el cerebro humano más de cinco sentidos?
Intentar responder a esas preguntas, careciendo de más recursos, laboratorios, fondos e instrumental -salvo algunas excepciones- que el entusiasmo, la lucidez y el empeño del investigador, resulta tan utópico como pretender descifrar el orden del universo, observando la caída de una manzana. De hecho es probable que nuestra generación no llegue a encontrar un respuesta irrefutable a ninguna de esas preguntas pero, ¡caray!, es tan estimulante intentarlo. Quizás no lleguemos nunca al final de este camino, pero aprenderemos tanto mientras lo recorremos…
Lo maravilloso de este utópico empeño, investigar lo desconocido, es que exige vocación interdisciplinar. El estudio de las anomalías, por definición, obliga al investigador a familiarizarse con la física, química, sociología, arqueología, astronomía, biología, acústica, aeronaútica, astronaútica, exobiología, meteorología, etc. ¿Puede existir una forma mayor de enriquecimiento intelectual? De hecho es probable que pocos campos de estudio fomenten tanto la concepción renacentista del conocimiento, como el estudio de las anomalías.
Ahora, entre tus manos, tienes el fruto del esfuerzo generoso y desinteresado de casi cuatro docenas de hombres y mujeres, que han dedicado su tiempo, esfuerzo y dinero en investigar diferentes anomalías de la ciencia. Y lo han hecho desde sus diferentes especialidades profesionales (sociólogos, astrofísicos, psicólogos, geólogos, teólogos, lingüistas, médicos, criminólogos, historiadores, juristas, periodistas, etc).
Misterios solidarios
Con frecuencia el estudio de las anomalías, los misterios del universo, la mente y la muerte, son utilizados con fines pseudo-religiosos. Cultos, credos y sectas de todo tipo, intentan argumentar sus dogmas de fe, con interpretaciones pseudo-religiosas de esos fenómenos anómalos. Sin embargo, quienes no creen en más espiritualidad que la social, reniegan de todo dogma estricto y ven en la solidaridad la expresión de esa mística humanista. El mismo Einstein lo definió así: "El comportamiento ético de un hombre debe basarse en la solidaridad, educación, y reglas sociales; ninguna base religiosa es necesaria. Sin embargo, el hombre estaría en un lugar pobre, si tuviese que estar restringido al miedo al castigo y a la esperanza de una recompensa después de la muerte".
Esta es la maravillosa paradoja. En estas páginas no encontrarás homilías, discursos ni propaganda pseudo-mística. No busques argumentos emocionales a prejuicios religiosos. Ni las firmas de gurús, guías o profetas espirituales. Normalmente quienes presumen, carecen.
Por el contrario, los autores de estos textos son, en gran parte, agnósticos, incluso ateos. La mayoría profundos escépticos, en el real sentido etimológico del término. Buscadores que dudan de las respuestas, y por ello continúan investigando. Y a diferencia de la mayoría de esos gurús, guías y profetas, no recibirán otra gratificación, por el esfuerzo, tiempo y dedicación que implican sus aportaciones a este libro, que la satisfacción de saberse parte de un proyecto común. Tal vez las páginas de esta obra no resuelvan todos los misterios que nos rodean, aunque te aseguramos que en muchos casos nos acercarán mucho más a la verdad de algunos de ellos. Pero en el peor de los casos contribuirán a que otras personas, menos favorecidas que nosotros, reciban una ayuda más necesaria que nunca. Y como decía Einstein, sin “miedo al castigo” ni por “la esperanza de una recompensa después de la muerte". Quienes se dicen religiosos, místicos y espirituales, y algunos grandes divulgadores demasiado ocupados para utopías sociales, deberían tomar ejemplo.
Esta iniciativa, encabezada por David Cuevas y Carlos Fernández, sigue una forma de entender el misterio, que se inició en 1992, en el norte. Cuando un grupo de investigadores, inconformistas, decidieron que los discursos pseudo-espirituales que suelen aderezar los eventos paranormales, eran pura hipocresía si no se concretaban en una realidad social. Aquel primer congreso benéfico sobre fenómenos anómalos, celebrado en 1992 reunió, como este libro, a algunos de los nombres más relevantes del momento en el campo de las anomalías. Benítez, Argumosa, Blanco, Carrión, Sixto Paz… Todos aportaron al evento sus conocimientos, sin recibir ninguna gratificación económica a cambio. Algunos, como Benítez, incluso corrieron con los gastos de alojamiento y desplazamiento, para abaratar las costas a la organización. Todos donaron desinteresadamente su participación al primer congreso 100% benéfico sobre misterios. Todos salvo uno. Sixto Paz, el místico representante del movimiento contactista New Age fue el único que amortizó económicamente su participación. Paradojas de la espiritualidad.
Por fortuna aquel primer guante no cayó en el olvido, y fue recogido por otros investigadores y divulgadores, que creen en esa forma de espiritualidad social, y que tomaron el relevo. Otros eventos solidarios sobre anomalías se han celebrado desde entonces. Y personajes como David Ortega, Rafael Campillo, David Cuevas o Carlos Fernández, se ocuparon de mantener viva la llama de esa manera de entender el misterio, durante los últimos veinte años.
Más tarde algunas editoriales, como Corona Borealis o Minotauro, trasladaron la idea al mundo de los libros. Reuniendo en volúmenes relacionados con el misterio, a firmas de prestigio, que renunciaban –como en este libro- a todo derecho de autor, destinando los beneficios a organizaciones humanitarias como Médicos sin Fronteras o la Fundación Vicente Ferrer. Pero, sin ninguna duda, si alguna editorial ha ejemplarizado esta forma de entender la espiritualidad y el estudio de las anomalías, es Ediciones Cydonia. Este libro solo es el último ejemplo.
Mientras videntes, contactados, místicos, gurúes e iluminados llenan sus discursos mesiánicos y apocalípticos, sus cursos y meditaciones colectivas, sus “avistamientos previa cita” y sus retiros espirituales, de mensajes de paz y amor, un grupo de investigadores, más críticos que visionarios, hacen realidad esos mensajes. Willian Booth, el fundador del Ejército de Salvación dijo: “un estómago vacío no puede pensar en Dios”… ni en extraterrestres. Y aunque otro mundo es posible, nadie va a construirlo por nosotros. Ni espíritus, ni extraterrestres, ni hermandades blancas, ni ángeles, ni Dios… Carlos Fernandez, y ediciones Cydonia lo comprendieron hace años, haciendo compatible la investigación más crítica y rigurosa de los fenómenos anómalos, con esa forma social de entender la espiritualidad. No hay otra.
Comienzas ahora un viaje fascinante, revelador y en ocasiones profundamente desmitificador, a través de los fenómenos más extraños, insólitos e inexplicados del misterio. Fenómenos aéreos no identificados, sucesos paranormales, cultos extraños, conspiraciones, anomalías históricas, fraudes pseudo-científicos… Un viaje a otros mundos, que como sentenció el poeta francés Eugène Grindel (Paul Eluard), están en este.
Manuel Carballal
Puedes comprar on line tu ejemplar, sin gastos de envio, en: http://www.edicionescydonia.com/hayotrosmundos/hayotrosmundos.htmlSumario, portada y primeras páginas: http://www.edicionescydonia.com/hayotrosmundos/hayotrosmundos.pdf
"Hay otros mundos... pero están en este"
Ediciones Cidonya.
Autores:
J.J. Benítez, Miguel Blanco, Jacques Vallée, Bruno Cardeñosa, Jesús Callejo, Manuel Carballal, Carlos Canales, Lorenzo Fernández, Fernando Rueda, Miguel Pedrero, Chris Aubeck, Francisco Contreras, Juan Ignacio Cuesta, Marcelino Requejo, José Miguel Parra, Juan Antonio Belmonte, José Antonio Caravaca, Víctor Martínez, Miguel Ángel Ruiz, Lourdes Gómez Martín, David Benito, Antonio Luís Moyano, Vicente París, Diego Cortijo, Carlos G. Fernández, Moisés Garrido, Yvan Figueiras, Beatriz Erlanz, David y Germán Tenorio, José Juan Montejo, Mikel Navarro, Óscar Iborra, Manuel Berrocal, Jaume Esteve, José Luís Ortiz, José Miguel Pérez Navarro, Anabela Cardoso, Juan José Sánchez-Oro y David Cuevas.
J.J. Benítez, Miguel Blanco, Jacques Vallée, Bruno Cardeñosa, Jesús Callejo, Manuel Carballal, Carlos Canales, Lorenzo Fernández, Fernando Rueda, Miguel Pedrero, Chris Aubeck, Francisco Contreras, Juan Ignacio Cuesta, Marcelino Requejo, José Miguel Parra, Juan Antonio Belmonte, José Antonio Caravaca, Víctor Martínez, Miguel Ángel Ruiz, Lourdes Gómez Martín, David Benito, Antonio Luís Moyano, Vicente París, Diego Cortijo, Carlos G. Fernández, Moisés Garrido, Yvan Figueiras, Beatriz Erlanz, David y Germán Tenorio, José Juan Montejo, Mikel Navarro, Óscar Iborra, Manuel Berrocal, Jaume Esteve, José Luís Ortiz, José Miguel Pérez Navarro, Anabela Cardoso, Juan José Sánchez-Oro y David Cuevas.
Coordinación: David Cuevas
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